Repartidores de comida toman las calles de Nueva York para exigir seguridad, mejores condiciones de trabajo, y protecciones laborales esenciales

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Martha Daniela Guerrero

El 21 de abril, unas cuantas horas después del mediodía, cientos de repartidores de comida se reunieron en el corazón de Times Square, entre la 7ª Avenida y la calle 42. La multitud incluía trabajadores de América Latina, África occidental y el sudeste asiático, quienes llevaban mochilas a sus espaldas y carteles hechos a mano en los que se leía “Alto al robo de bicicletas”, “Las propinas no son salarios”, “Sin nosotros nadie come” y “Nosotros también somos humanos”.  

A pesar del clima lluvioso, alrededor de mil conductores se desplazaron con sus bicicletas eléctricas por las calles de Manhattan este miércoles, en  la mayor protesta de trabajadores de repartición de comida que ha visto Nueva York. Encabezada por Los Deliveristas Unidos, un grupo de repartidores migrantes formado durante la pandemia, la marcha hasta el Ayuntamiento buscaba exigir mejores condiciones de trabajo y salarios más altos en las aplicaciones. La mayoría de los manifestantes, quienes se identifican como ” deliveristas”, trabajan para plataformas de grandes empresas tecnológicas como DoorDash, GrubHub, Postmates y UberEats, así como para compañías más pequeñas como Chowbus y Relay.  

El año pasado, Deliveristas Unidos organizó una protesta similar en octubre, en la que más de seiscientos repartidores bajaron en bicicleta por Broadway hasta el Ayuntamiento, denunciando el robo de propinas de las aplicaciones; la falta de acceso a los baños de los restaurantes y a refugios en caso de clima extremo; paquetes más pesados y distancias más largas durante la pandemia sin tiempo extra para entregar los pedidos. 

Repartidores de comida toman las calles de Nueva York para exigir seguridad
Foto:  Sammy Escalante

La edición de este año casi duplicó sus cifras. “Los repartidores de toda la ciudad se están uniendo y organizando cada vez más para defender su existencia, sus derechos y para protegerse de las condiciones de trabajo inseguras y las prácticas de explotación de las aplicaciones de reparto”, dijo Ligia Guallpa, directora ejecutiva del Proyecto de Justicia Laboral, un centro de trabajadores y organización comunitaria con sede en Brooklyn que ha apoyado a Deliveristas Unidos durante el último año. “Se trata de una crisis de derechos laborales, además de una crisis humanitaria”.

Las Aplicaciones de Reparto Prosperan Mientras sus Trabajadores Sufren

Desde alrededor de las 2 de la tarde, hombres y mujeres repartidores subieron a sus bicicletas, luciendo banderas de México, Guatemala y otras naciones latinoamericanas. Les acompañaban más de ocho bandas de música que tocaban tambores y música latina, así como vehículos cubiertos con sábanas en las que se leía “Justicia para Francisco Villalva”, en honor al conductor mexicano asesinado el mes pasado en un supuesto robo de bicicleta.

Activistas, repartidores y expertos afirman que estos conductores se enfrentan a una creciente ola de robos de bicicletas a mano armada; a la discriminación por parte del personal de los restaurantes, que no les permite usar el baño; a la falta de transparencia sobre propinas y pagos atrasados o perdidos; y a los bloqueos injustificados de aplicaciones que los contratan en gran número como contratistas independientes en vez de empleados. 

“Estamos luchando contra las injusticias a las que nos enfrentamos hoy porque la ciudad nos ha llamado trabajadores esenciales, pero no somos tratados como tales”, dijo Gustavo Ajche, un repartidor guatemalteco de DoorDash y líder de Deliveristas Unidos. “Estamos alzando la voz y uniéndonos para que las aplicaciones y la ciudad sepan que nuestras condiciones laborales actuales no son aceptables”. 

María Figueroa, directora de Investigación Laboral y Política de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell, ha realizado una encuesta a más de quinientos repartidores. Aunque la investigación de Figueroa no se ha publicado, dijo que algunas cifras preliminares indican que casi la mitad de los trabajadores han tenido problemas con pagos y propinas, y los cálculos de su equipo estimaron que los conductores pierden hasta 500 dólares en salarios por semana debido al robo de propinas. Figueroa señaló que las razones más comunes citadas son afirmaciones de las aplicaciones de que las cuentas de los conductores no son válidas, problemas con los métodos de pago, y la continua imposibilidad de verificar propinas en los recibos originales.  

Repartidores de comida toman las calles de Nueva York para exigir mejores condiciones
Foto:  Sammy Escalante

“Se trata de un sector en auge, sobre todo a raíz de la pandemia”, afirma Figueroa. La industria de reparto de comida ha aumentado en los últimos años, con un mercado que se prevé que alcance más de 30,000 millones de dólares el próximo año. Según cifras de Second Measure, las ventas de los servicios de entrega de comida crecieron casi 120% en el último año, con DoorDash a la delantera. “Esto se está convirtiendo en una industria bastante robusta, pero desafortunadamente los resultados positivos que ven en sus estados financieros no se están traduciendo en mejores condiciones para sus trabajadores”. 

Figueroa dijo que sus hallazgos no publicados sugieren que la mayoría de los trabajadores de entrega en la ciudad de Nueva York son nacidos en el extranjero, y son originarios de países de América Latina, África Occidental y el sur de Asia. Informó de que dos tercios de los trabajadores encuestados se incorporaron al sector como consecuencia de la pérdida de empleo durante la pandemia. En el estudio que se publicará a finales de este año, el equipo de Figueroa descubrió que a más de la mitad de los trabajadores les robaron al menos una bicicleta durante el último año, y que casi un tercio fue víctima de la violencia durante el robo. 

Los Repartidores se Enfrentan a Peligros a Cada Paso

Después de que ciclistas y simpatizantes llegaran a la plaza Foley cerca del Ayuntamiento alrededor de las 4 de la tarde, su programación incluyó una protesta contra las múltiples muertes de repartidores, muchos de los cuales fueron atropellados o asaltados. Elías Hilario Guzmán, cuyo hermano Victorio Hilario Guzmán, de 37 años, fue asesinado en septiembre pasado en un atropello mientras entregaba un pedido de 4 dólares en El Bronx, dice que han pasado más de siete meses sin ver ningún tipo de avance en la investigación policial. “Mi hermano no tuvo un accidente, fue víctima de un crimen”, dijo Guzmán. “Alguien lo atropelló y lo dejó allí para que muriera, y eso merece que se haga justicia, como con cualquier otro conductor que perdió la vida sin sentido en el trabajo”. 

Mario Estrada, trabajador de un restaurante y primo de Francisco Villalva Vitinio, dijo que el trabajador de 29 años asesinado a tiros en East Harlem es el nombre más reciente en una lista muy larga. En la manifestación, conductores y organizadores mencionaron los nombres de los repartidores que murieron en el trabajo el año pasado — entre ellos Adrián Cotyotl, Juan Licurgo Cruz, Alejandro Escamilla, Alfredo Cabrera Liconia, Ernesto Isidoro Guzmán, Juan Tiu-Caxaj y Martín Morán García. El año pasado, los repartidores representaron casi el 50% de las muertes de ciclistas en Nueva York. 

Primo de Francisco Villalva Vitinio, dijo que el trabajador de 29 años asesinado
Foto:  Sammy Escalante

“Estamos viendo cómo se matan personas. Estamos presentando denuncias para que todo el mundo sea consciente de los problemas que tenemos. Pero no ha pasado nada”, dijo Jonán Huerta, conductor de la Ciudad de México y líder de Deliveristas Unidos. “Nuestro compañero Francisco Villalva fue asesinado en la calle por su bicicleta y nadie hace nada. Lo único que queremos es poder volver a casa. Yo soy padre de familia. Quiero volver con mis hijos al final del día”.

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Juan Solano y Antony Chávez, dos repartidores que gestionan sitios digitales que informan de accidentes, lesiones y muertes en tiempo real, dijeron que los policías no se toman en serio el robo de bicicletas y las agresiones a repartidores, y que pueden tardar hasta 30 minutos en aparecer una vez que denuncian el robo de una bicicleta.  

“Exigimos multas para los que compran bicicletas robadas, y consecuencias para los que las roban”, dijo Solano, fundador de El Diario de los Deliveryboys en la Gran Manzana, una página de Facebook con más de 22,000 seguidores. “Necesitamos más agilidad en los casos de asaltos y asesinatos, y multas para los vehículos que invaden los carriles para bicicletas, porque todos estos son temas amenazan nuestro sustento, y a veces, incluso nuestras vidas”. 

Chávez, quien administra la página de Facebook Chapín sobre Ruedas NY, que cuenta con más de 10,000 seguidores, dijo que las investigaciones sobre robos, asaltos e incluso muertes, a menudo se retrasan y generalmente nunca se resuelven. “No es justo que los delincuentes se lleven nuestro dinero, nuestros teléfonos y nuestras bicicletas cuando nos asaltan. Lo único que pedimos a la policía es que haga su trabajo”. 

Además de las denuncias por el robo de bicicletas, la violencia en las calles y las condiciones de trabajo inseguras, los manifestantes en Foley Square también exigieron a las aplicaciones de reparto y a los legisladores que otorguen beneficios a los conductores que, dada su condición de contratistas independientes, no tienen derecho a un salario mínimo, a indemnización por riesgos laborales, a un seguro médico, o a licencias por enfermedad. 

Exigimos multas para los que compran bicicletas robadas
Foto:  Sammy Escalante

Conductores y expertos afirman que, dado que las aplicaciones no responden de ninguna manera si los trabajadores son despojados de sus bicicletas eléctricas no aseguradas que pueden costar hasta 2,500 dólares, saben que deben pagar por completo una nueva con salarios que promedian 400 dólares por una semana de 50 horas. “Es una cuestión de seguridad personal, pero también es una cuestión económica”, dijo Figueroa. “Es su medio de transporte y su instrumento de trabajo, y no son nada baratas”. Miguel Tum Reynoso, conductor y miembro de Deliveristas Unidos, dijo que le robaron dos bicicletas en menos de dos semanas. “Llamé a la policía para poner una denuncia, pero me dijeron que no se podía hacer mucho. Tuve que comprar una nueva, pero en menos de catorce días, mi segunda bicicleta había desaparecido”. 

¿Llegarán Cambios para los Repartidores?

A principios de este año, DoorDash, la aplicación más grande, dijo en un comunicado que la compañía se tomaba muy en serio la seguridad de los conductores, llamados “Dashers”. “Estamos liderando los esfuerzos para ayudar a los repartidores en Nueva York, proporcionando acceso a bicicletas eléctricas y ofreciendo pedidos amigables para ciclistas a los Dashers que entregan en bicicleta”, dijo la portavoz Campbell Mathews. Ni DoorDash ni el resto de apps han anunciado ningún tipo de seguro para las bicicletas o compensación en caso de robo. Tampoco han abordado ninguno de los beneficios y protecciones que los conductores están exigiendo. 

Sin embargo, como dejaron claro miembros de Deliveristas Unidos durante la marcha, están buscando que legisladores locales y estatales regulen las aplicaciones de reparto y las obliguen a ofrecer protecciones básicas a los conductores. Según Guallpa, aunque no hay una ley finalizada, están exigiendo un conjunto de medidas legislativas que, al menos, incluyan un seguro de robo y una compensación por daños, acceso a los baños de los restaurantes, copias de recibos para verificar propinas, límites de distancia y peso para las entregas, y mecanismos para disputar calificaciones y  despidos indebidos.

Guallpa y miembros de Deliveristas Unidos afirman que las grandes empresas tecnológicas están anteponiendo sus ganancias a la seguridad de los trabajadores, y que tanto el gobierno locales como estatal se han convertido en cómplices de estas prácticas. Por ejemplo, cuando se trata de “pedidos amigables para bicicletas”, los conductores dicen que a menudo ponen en peligro sus pequeños vehículos con paquetes extremadamente pesados. “Nos tratan como si fuéramos coches, no bicicletas”, dijo el conductor mexicano Sergio Solano, que afirma que cada vez le piden más que entregue cajas de vino, bolsas de comida para perros y otros paquetes grandes que desestabilizan su bicicleta eléctrica. 

Están anteponiendo sus ganancias a la seguridad de los trabajadores
Foto:  Sammy Escalante

Los concejales Carlos Menchaca y Brad Lander, la senadora estatal Jessica Ramos, así como un representante de la concejala Carlina Rivera, asistieron a la manifestación y, junto con miembros del sindicato de trabajadores de comida rápida 32BJ SEIU, apoyaron la lucha de los repartidores. El concejal Justin Brannan mostró su apoyo en redes sociales. 

“Seguiremos luchando hasta que todos los trabajadores de reparto conozcan sus derechos y sepan que tienen derecho a protecciones esenciales y a mejores salarios y beneficios sin importar su estatus migratorio”, dijo Ramos al tomar la palabra. Lander añadió que el poder del movimiento obrero se hizo sentir a lo largo de la marcha. “Demasiados neoyorquinos todavía no los ven como seres humanos, pero su movimiento es muy poderoso y ganarán justicia a través de su organización en esta ciudad”. 

Aunque no se ha presentado ninguna legislación, Guallpa y miembros de Deliveristas Unidos dicen que no pararán hasta que se produzcan cambios reales. “Seguiremos abogando y presionando para que los funcionarios electos aprueben una legislación efectiva y completa que proteja a estos trabajadores lo antes posible,” dijo Guallpa.

A las 6 de la tarde, la plaza Foley se había vaciado de repartidores. Muchos volvieron a subirse a sus bicicletas eléctricas para seguir entregando comidas a los neoyorquinos. Un trabajador metió en su bolsa una gran pancarta en la que leía “Unidos somos más fuertes” y se alejó por las calles. 

Food delivery workers take NYC streets to demand safety, improved working conditions, and essential labor protections 

Martha Daniela Guerrero

On April 21, a few hours past noon, hundreds of food delivery workers gathered in the heart of Times Square, between 7th Avenue and 42nd Street. The masked crowd hailed couriers from Latin America, West Africa, and Southeast Asia, carrying coolers on their backs and handmade signs that read “Stop bike theft,” “Tips are not wages,” “Without us no one eats,” and “We are human too.”  

Despite the day’s rainy weather, around one thousand drivers rode their electric bikes across Manhattan this Wednesday, marking the city’s largest protest of food delivery workers to date. Led by Los Deliveristas Unidos, an immigrant grassroots group formed during the pandemic, the march to City Hall sought to demand better working conditions and higher wages across delivery apps. Most protesters, who refer to themselves as “deliveristas,” work for platforms run by large tech companies such as DoorDash, GrubHub, Postmates, and UberEats, as well as smaller firms like Chowbus and Relay.  

Last year, Deliveristas Unidos staged a similar protest in October, where over six hundred couriers biked down Broadway to City Hall, denouncing tip theft from apps, no access to restaurant restrooms and shelter from extreme weather, heavier packages, and longer distances during lockdown without any extra time to deliver orders. 

This year’s edition nearly doubled its numbers. “Delivery workers across the city are increasingly uniting and organizing to defend their existence, their rights, and to protect themselves from the unsafe working conditions and exploitative practices of delivery apps,” said Ligia Guallpa, Executive Director of Workers Justice Project, a Brooklyn-based worker center and community organization that has supported Deliveristas Unidos over the past year. “This is a labor rights crisis, as well as a humanitarian crisis.”

Foto:  Sammy Escalante

Delivery Apps are Booming as their Workers Struggle

From around 2 pm, men and women couriers hopped on their bikes, donning flags from Mexico, Guatemala, and other Latin American nations. They were accompanied by over eight marching bands playing drums and Latin music, as well as by vans covered with sheets that read “Justice for Francisco Villalva,” honoring the Mexican driver killed last month in an alleged bike robbery.

Advocates, drivers, and experts say delivery workers are facing a rising wave of armed bike robberies; discrimination from restaurant staff who don’t allow them to use the restroom; lack of transparency over tips and late or missing payments; and unjustified blockings from the apps who hire them in large numbers as independent contractors rather than employees. 


“We’re fighting the injustices that we’re facing today because the city has called us essential workers, but we’re not treated as such,” said Gustavo Ajche, a Guatemalan delivery worker for DoorDash and leader of Deliveristas Unidos. “We’re raising our voices and coming together to let the apps and the city know that our current working conditions are not acceptable.” 

Maria Figueroa, Director of Labor and Policy Research at Cornell University’s School of Industrial and Labor Relations, has been conducting a survey of over five hundred delivery workers. Even though Figueroa’s research hasn’t been published, she said some preliminary figures indicate that nearly half of workers have experienced issues with payments and tips, and her team’s calculations estimated that drivers lose up to $500 in wages per week because of tip theft. Figueroa pointed to claims from apps that drivers’ checking accounts aren’t valid, issues with payment methods, and inability to verify tips in the original receipts as the most common reasons cited.  

“This is a booming industry, particularly as a result of the pandemic,” said Figueroa. Food delivery has risen over the past few years, with a market projected to hit more than $30 billion by next year. According to Second Measure data, sales for meal delivery services grew nearly 120% over the last year, with DoorDash leading the way. “This is becoming a pretty robust industry, but unfortunately the positive results that they see in their balance sheets are not translating into better conditions for their workers.” 

Figueroa said her unpublished findings suggest that a majority of delivery workers in New York City are foreign-born, and are originally from Latin American, West African, and South Asian countries. She reported that two-thirds of surveyed workers joined the industry as a result of job loss during the pandemic. In the study to be published later this year, Figueroa’s team found that over half of workers had at least one bike stolen over the past year, and nearly one-third were victims of violence during the robbery. 

Delivery Drivers Face Dangers at Every Turn

After cyclists and supporters arrived at Foley Square near City Hall around 4 pm, their hourly program included a protest against the multiple deaths among delivery workers, many of whom were run over or assaulted. Elías Hilario Guzmán, whose 37-year-old brother Victorio Hilario Guzmán was killed in a hit-and-run last September while delivering a $4 order of Popeyes in The Bronx, said it’s been over seven months without seeing any sort of update on the police investigation. “My brother wasn’t in an accident, he was the victim of a crime,” said Guzmán. “Someone ran him over and left him there to die, and that deserves justice, just like with any other driver who senselessly lost his life on the job.” 

Mario Estrada, a restaurant worker and cousin of Francisco Villalva Vitinio, said the 29-year-old worker fatally shot in East Harlem is the latest name in a very long list. At the rally, drivers and organizers mentioned the names of delivery workers who died on the job last year — including Adrian Cotyotl, Juan Licurgo Cruz, Alejandro Escamilla, Alfredo Cabrera Liconia, Ernesto Isidoro Guzmán, Juan Tiu-Caxaj, and Martin Morán García. Last year, delivery workers accounted for nearly 50% of NYC cyclist fatalities

“We’re seeing people being killed. We’re filing reports to make everyone aware of the problems we’re facing. But nothing has happened,” said Jonán Huerta, a driver from Mexico City and leader of Deliveristas Unidos. “Our comrade Francisco Villalva was killed in the streets over his bike, and no one is doing anything. All we want is to be able to go back home. I am a father. I want to go back to my kids at the end of the day.”

Juan Solano and Antony Chávez, two delivery workers who run websites that report on accidents, injuries, and deaths in real time, said police officers don’t take bike theft and assaults on delivery workers seriously, and can take up to 30 minutes to show up once they report a stolen bike.  

“We demand fines for those who buy stolen bikes, and consequences for those who steal them,” said Solano, founder of El Diario de los Deliveryboys en la Gran Manzana, a Facebook page with over 22,000 followers. “We need more agility in cases of assault and murder, and tickets for vehicles that invade bike lanes, because these are all issues who threaten our  livelihoods, and at times, even our lives.” 

Chávez, who manages the Facebook page Chapín sobre Ruedas NY, which has over 10,000 followers, said investigations over theft, assault, and even deaths, often lag and are generally never resolved. “It’s not fair that criminals take our money, our phones, and our bikes when they assault us. All we’re asking for from the police is that they do their job.” 

Besides grievances over bike theft, street violence, and unsafe working conditions, protesters at Foley Square also demanded delivery apps and legislators to grant benefits to drivers who, given their status as independent contractors, are not entitled to a minimum wage, hazard pay, health insurance, compensation, or sick leave. 

Drivers and experts say that because apps don’t respond in any way if workers are robbed of their uninsured e-bikes which can cost up to $2500, they know that they must fully pay for a new one with wages averaging $400 for a 50-hour week. “It’s a personal safety issue, but it’s also an economic issue,” said Figueroa. “It’s their means of transportation and their work instrument, and they’re not cheap.” Miguel Tum Reynoso, a driver and member of Deliveristas Unidos, said he had two bikes stolen in less than two weeks. “I called the police to file a report, but I was told that not much could be done. I had to buy a new one, but in less than fourteen days, my second bike was gone.” 

Will Change Come for Drivers?

Earlier this year, largest delivery app DoorDash said in a statement that the company took the safety of drivers, called “Dashers,” extremely seriously. “We are leading the way in efforts to help delivery workers in New York by providing access to e-bikes and offer bike-friendly orders to Dashers who deliver as cyclists,” said spokesperson Campbell Mathews. Neither DoorDash nor the other apps have announced any form of bike insurance or compensation in case of theft. They also haven’t addressed any of the benefits and protections that drivers are demanding. 

However, as Deliveristas Unidos made clear during the rally, they’re looking at city and state legislators to regulate delivery apps and force them to offer basic protections for drivers. According to Guallpa, although no laws have been finalized, they’re demanding a set of legislative measures that at least includes e-bike robbery insurance and hazard pay, access to bathrooms in restaurants, access to a copy of the receipt to verify tips, limits on distance and weight for deliveries, and mechanisms to dispute ratings and wrongful terminations.

Guallpa and Deliveristas Unidos members say giant tech companies are putting profit before workers’ safety, and both local and state governments have become complicit in these practices. When it comes to “bike-friendly orders,” for example, drivers say they often endanger their small rides with extremely heavy packages. “They treat us like we’re cars, not bikes,” said Mexican driver Sergio Solano, who says he has been increasingly asked to deliver wine boxes, bags of dog food, and other large packages that make his e-bike unstable. 

City Council Members Carlos Menchaca and Brad Lander, State Senator Jessica Ramos, as well as a representative for City Council Member Carlina Rivera, all attended the rally and, along with members of fast-food worker union 32BJ SEIU, supported the plight of delivery workers. City Council Member Justin Brannan showed his support on social media. 

“We will keep fighting until every delivery worker knows their rights and knows that they are entitled to essential protections and better wages and benefits no matter their immigration status,” said Ramos when she took the floor. Lander added that the labor movement’s power could be felt throughout the march. “Too many New Yorkers still don’t see you as human beings, but your movement is very powerful and you will win justice through your organizing in this city.” 

Although no legislation has been introduced, Guallpa and members of Deliveristas Unidos say they won’t stop until real changes come. “We will keep advocating and pushing for elected officials to pass effective, comprehensive legislation that protects these workers as soon as possible,” said Guallpa. 

By 6 pm, Foley Square had been cleared out of deliveristas. Many got back on their e-bikes, to keep bringing meals to New Yorkers. A worker packed a large banner that read “United we are stronger” into his bag and drove off into the streets. 

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