¡Hey millenial! Conoce el “burro 16” que jugaban tus papás

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Antes del Internet y los juegos de mesa, los niños se divertían en las calles con diferentes actividades en las que ponían todas habilidades en juego, cualquier objeto podía convertirse en un juguete e incluso se crearon actividades que prescindían de ello, ejemplo de ello es el juego del burro 16.

¡Hey millenial! Conoce el burro 16 que jugaban tus papás

¿En qué consistía el Burro 16?

Para empezar, uno de los jugadores debe empinarse y ponerse de frente a los compañeros para ser saltado. Mientras tanto, el resto de los compañeros entonará el canto del burro 16, que es el siguiente:

Cero, burro basurero.

Uno, para tu desayuno.

Dos, patada y coz (en el aire o en la tierra).

Tres, elevado lo es (o litro y litro).

Cuatro, jamón te sacó y te lo embarro en el sobaco.

Cinco, desde aquí te brinco.

Seis, al revés.

Siete, te pongo mi chulo bonete.

Ocho, te lo remocho y te lo pongo

Nueve, copitos de nieve.

Diez, elevado lo es.

Once, caballitos de bronce.

Doce, la vieja cose (con sus agujas, sus tijeras y su pedal).

Trece, el rabo te crece en la boca de ése.

Catorce, la vieja tose.

Quince, el diablo te trinche.

Dieciséis, burritos a correr.

¡Hey millenial! Conoce el "burro 16" que jugaban tus papás

Es importante destacar que la canción, incluso si se entona o no, depende de las costumbres de cada región, así como de la época. Asimismo, existen variaciones del juego, como lo son el burro entamalado, el cual consiste en formar dos equipos, cada uno de los cuales cuenta con un integrante que se coloca recargado en una pared con las piernas abiertas (poste). El resto de los integrantes formarán el burro colocando sus cabezas debajo de las piernas de los otros. El equipo contrario saltará sobre el burro cayendo sobre las espaldas de sus integrantes. El objetivo es tirar a los integrantes que conforman el burro.

A diferencia del burro 16, el burro entamalado garantizaba algunos golpes o por lo menos un ligero dolor de espalda. Sin embargo, la alegría y risas que ambos juegos provocaban valían la pena, pues eran muestra de camaradería e inocencia.

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LM