Y las uvas hablaron

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Un proverbio romano asegura que el vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma y asegura la curación de la tristeza, sin embargo para Jean —Pio Marmaï— no tiene el efecto recomendado, y decide irse abandonando a su familia, dedicada al oficio de hacer vino en la zona de Borgoña, en Francia para recorrer el mundo en solitario.

La tierra que lo vio nacer lo obliga a regresar cuando su padre cae enfermo, así tras diez años de ausencia se reencuentra con su hermana Juliette —Ana Girardot— y el pequeño Jérémie —François Civil— encargados ahora del viñedo familiar, a quienes tendrá que explicar su repentina desaparición tratando de resanar su relación y madurar a la par del vino que producen.

El viñedo que nos une —cuyo título original es Ce qui nous lie— es un drama con partes de comedia dirigido por el actor y guionista francés Cédric Klapisch, el cual formó parte de la selección del Tour de Cine Francés en 2017 y que esta semana tuvo su estreno comercial en diferentes —y muy contadas— salas del país.

De entrada el resultado es rico al paladar del espectador, pero flaquea en la construcción, cuerpo y carácter de los tres hermanos. Jean, el mayor de ellos se debate entre dos tierras, la de su fracturada infancia y otra nueva en Australia en donde se encuentra Alicia —interpretada por la guapa María Valverde— con su hijo de 4 años, y quien regresa como el hijo pródigo para buscar entre las ruinas algún vestigio de lo que antes fue. Le sigue Juliette, la que parece más cabal y entregada al negocio familiar, resulta también la más desconfiada y vulnerable, que a toda costa intentará unir, otra vez, a los hermanos. Y el pequeño Jérémie, casado y con un hijo, no tiene el valor suficiente para enfrentar a su suegro que lo ningunea y menosprecia indicándole lo que tiene que hacer con su vida.

Así transcurre el tiempo, un infinito espiral que se mueve al ritmo de las cuatro estaciones. Hermosos paisajes con el sutil sonido del violín en su banda sonora, maceran el dulzor y agregan la frutalidad necesaria a la personalidad de cada uno de los hermanos. Entre fiestas de vendimia, administración de la finca y engorrosos procesos notariales tras la muerte de su padre, confirman que el tiempo no siempre es el mejor aliado del vino.

Tras la cosecha se tiene que abonar nuevamente la tierra, un momento de la verdad, una metáfora en la que Jean, Juliette y Jérémie tendrán que reivindicar la tierra que los reclama, colocándolos en el punto inicial para decidir el futuro de las uvas, sus vidas y su fraterna relación.

Al final El viñedo que nos une nos demuestra que la vida es cíclica, que la tierra se renueva y la vid nos ofrece la oportunidad con sus nuevas uvas, de redimir los errores y recuperar el camino mientras nos deleitamos con un buen vino.

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