Tiempo Compartido: La pesadilla del autoengaño

Tiempo Compartido: La pesadilla del autoengaño

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Desarrollado en un enorme complejo turístico en Acapulco, el segundo largometraje de Sebastián Hofmann, cuenta las hazañas de Pedro y Andrés, dos hombres que se atrevieron a confrontar su realidad sin temor a las consecuencias.

El filme de Sebastián Hofmann, Tiempo Compartido, se alzó con el galardón al Mejor Guion en la sección World Cinema Dramatic Competition del pasado Festival de Sundance. Una muy buena racha para el cine mexicano, pues hace un año la película Sueño en otro idioma de Ernesto Contreras, se llevó a casa el Premio del Público en la misma competencia.

La bizarra historia escrita por Julio Chavezmontes junto a Hofmann, nos introduce primero en la vida de un deschavetado Andrés —interpretado por Miguel Rodarte— un empleado del hotel, que después de un accidente, es obligado a dejar su labor de animador para deambular como zombie, impulsando su carrito de lavandería por las entrañas del complejo. Aunque detrás de su falsa sonrisa, y revitalizado optimismo, oculta el dolor de una gran pérdida. Por otro lado se encuentra Pedro —Luis Gerardo Méndez— un padre de familia que aprovechando los bajísimos precios de una oferta de tiempo compartido, decide sorprender a su esposa e hijo, con unas vacaciones de ensueño en la playa.

La confusión aumenta cuando casualmente la familia de Abel —un maravilloso Andrés Almeida— también decidió reservar sus vacaciones en la misma fecha y en la misma villa, por lo que no quedando más remedio, deberán compartir una semana la alberca, sus vidas, y posiblemente algo más.

La propuesta de Tiempo Compartido es un ingenioso, claustrofóbico y electrizante juego que exhibe la pesadilla del capitalismo, alimentada por las ilusiones de un momento perfecto a precio especial. La ansiedad se dispara con los siniestros acordes creados por el maestro Giorgio Giampá, que quedan encapsulados en un filme donde jamás vemos el mar.

De manufactura impecable, y con actuaciones que merecen un largo aplauso de pie, como el que se llevó la cinta el día de su estreno en Sundance, sería imperdonable no mencionar la formidable participación de Montserrat Marañón, junto a Cassandra Ciangherotti, y por supuesto a RJ Mitte, como antagonista.

No hay nada más retorcido que el engaño. No del que viene retratado en los folletos con falsas promesas, sino del ciego que se niega rotundamente a aceptar lo que es verdad.

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