Racismo en Estados Unidos: una historia que no termina

Cuando el periodista mexicoamericano Eduardo Porter se mudó a Los Ángeles en los 90’s y empezó a escribir sobre la ciudad, se dio cuenta de la intensidad con la que factores étnicos y raciales determinaban la vida de las personas.

“Desde dónde vas a la escuela, a la iglesia o al trabajo; cómo te vistes y hablas; con quién te casas; cómo te va cuando te encuentras con la policía,» escribe Porter en su más reciente libro American Poison: How Racial Hostility Destroyed Our Promise.

El reportero binacional del New York Times detalla como una «mezcla de desprecio y resentimiento que atraviesa fronteras de religión, raza, etnia y ciudadanía» ha jugado un gran papel clave en la configuración política americana desde el nacimiento de la nación.

Al trazar la historia de Estados Unidos a través del lente del racismo, Porter busca el significado detrás de momentos históricos, desde la esclavitud y la Guerra Civil, hasta las Leyes Jim Crow y la segregación, enfatizando la evolución del prejuicio racial y la xenofobia en un país de migrantes.

Más allá de las narrativas más comúnmente asociadas al racismo norteamericano, el periodista explora aspectos menos conocidos en el imaginario popular: la discriminación abierta en sindicatos industriales y fuerzas armadas, el papel de los políticos en el mantenimiento de la segregación y el diseño de un Estado de bienestar limitado y siempre centrado en el americano blanco.

En contraste al discurso de superioridad americana, Porter señala incisivamente algunas de las debilidades más paradójicas de Estados Unidos. “Podemos elegir prácticamente cualquier medida de progreso social en las últimas cuatro décadas, y ver que, a pesar de nuestras pretensiones de grandeza, cuando se trata de medidas de salud y cohesión social, el retrato de la experiencia americana es alarmante.”

Uno de los puntos más persuasivos del análisis de Porter es la erosión de la empatía como resultado de siglos de discriminación racial sistémica. Si alguna cualidad ética ha sido forzada hasta el punto de quiebre en la polarización de nuestra era, sostiene Porter, es la identificación con el otro.

Porter establece que la empatía siempre ha librado una batalla desigual contra el ánimo racial que recorre la historia americana, envenenando tanto a los que odian como a los que son odiados.

El propio concepto de “raza” ha contaminado la solidaridad estadounidense, haciendo imposible que blancos pobres, amenazados por la pérdida de empleos, la globalización y la muerte de las industrias con uso intensivo de carbono, hagan causa común con afroamericanos, latinos y migrantes.

Porter argumenta que la hostilidad racial que perjudicó a millones de norteamericanos de color al limitar las políticas de bienestar social desde el siglo XX, imposibilitó un sistema nacional de protección.

Estados Unidos no construyó redes de seguridad social como otros países desarrollados para proteger a sus ciudadanos. La América blanca que ha mantenido el poder político desde el nacimiento de la nación, decidió que, si tenía que compartir la red de seguridad social con aquellos del otro lado de la línea racial y étnica, prefería prescindir de ella.

Estas dinámicas racistas fortalecieron prejuicios de afroamericanos, latinos y migrantes “succionando” al sistema de seguridad social, a pesar de que, por muchos años, poblaciones de color han sostenido a una economía desigual.

Porter rescata que la población blanca estadounidense tiene el promedio de edad más alto hoy, por lo que la población de edad laboral de la que Estados Unidos dependerá en tan solo unos años será en su mayoría latina, el sector demográfico más joven y con tasas de crecimiento más altas en el país.

El periodista nos presenta con un ejercicio interesante: si en Estados Unidos se removiera a los adultos de color del mercado, la fuerza laboral se reduciría a 166 millones. Porter señala nexos interesantes entre el racismo al que muchos americanos blancos mayores se aferran y la dependencia económica creciente en trabajadores de color para mantener la economía que sostendrá sus jubilaciones.

Porter sustenta que conforme algunos se aferran más a la hostilidad racial, Estados Unidos se transforma en un país “cada vez menos blanco.” El periodista sostiene que, a causa de estos cambios, un segmento importante de la mayoría blanca que pierde terreno demográfico con cada año que pasa, crecientemente se percibe como víctima de un sistema volcado. Entre más “acorralados” se sienten algunos blancos americanos, se vuelven más hostiles ante la gente de color que los rodea.

El implacable libro de Porter, disponible desde marzo de este año, nos confronta con la primacía del racismo como motor histórico, político y cultural — en Estados Unidos, y el mundo.

“Quiero creer que Estados Unidos es capaz de construir un nuevo contrato social inclusivo,” escribe Porter. “La historia, por desgracia, no proporciona un precedente alentador.”

En vez de ofrecernos una narrativa linear de evolución positiva, Porter nos confronta con la discriminación y el prejuicio racial no como excepciones a combatir, sino como la esencia de la experiencia americana.

Twitter: @daniguerreroo

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