La pandemia de Covid-19 abandona a niños y mujeres

La pandemia de Covid-19 abandona a niños y mujeres

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Cuando recientemente se le pidió al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que nombrara sus principales preocupaciones mientras Estados Unidos busca recuperarse económicamente de la pandemia, habló de las mujeres que han salido involuntariamente de la fuerza laboral, a los niños cuya educación está sufriendo y a los propietarios de pequeñas empresas que han perdido «generaciones de capital intelectual». 

Las mujeres y los niños han sido los más afectados por el colapso de la economía y la interrupción de clases presenciales, revelando grietas institucionales previas a la pandemia. Mientras las mujeres se enfrentan de manera desproporcionada al desempleo en países como Estados Unidos y los niños de todo el mundo se ven privados de la educación que merecen, estos efectos «desafortunados» e «imprevisibles» se explican como consecuencias arbitrarias e inevitables de la pandemia. 

El argumento se convierte cómodamente en que, como todo en 2020, estas repercusiones para mujeres y niños están fuera del control de las autoridades. ¿Pero esto es cierto? ¿Cómo llegamos a este punto crítico?

El último informe del UNICEF sobre los peligros de una “generación perdida” de niños y jóvenes por el Covid-19, nos recuerda que antes de la pandemia, “profundas divisiones en la forma en que se trata a las personas y se les da acceso a servicios como salud, nutrición, educación, salud mental y protección social” ya definían la vida de millones de personas en países desarrollados y en desarrollo.

Estas marcadas diferencias no sólo son visibles entre niños alrededor del mundo, sino también entre mujeres de países como Estados Unidos, quienes, a pesar de proclamaciones de equidad de género, han sido las más afectadas por el desempleo, brechas salariales, y la distribución desigual de tareas domésticas y el cuidado de los niños.

Al ser más probable no sólo que hayan perdido sus empleos en los sectores de servicios, ventas, y salud, sino también que tengan que cuidar de sus hijos en medio del cierre de escuelas y guarderías, las mujeres se enfrentan a desafíos a corto plazo y a ramificaciones a largo plazo en la primera recesión femenina de Estados Unidos. Aproximadamente el 54% de todos los empleos perdidos desde el comienzo de la pandemia eran de mujeres.

Sumando a las brutales cifras de principios de este año, cuando el Covid-19 devastó el mercado laboral — el desempleo de mujeres afroamericanas alcanzó el 16.5% y el de mujeres latinas llegó a un máximo de 20.2% — expertos predicen una reducción en empleos del sector público ante la caída de ingresos fiscales y la reducción de presupuestos gubernamentales a nivel local y estatal. Casi el 60% de los empleos del sector público son ocupados por mujeres, incluyendo muchas mujeres de color.

Sin medidas del gobierno federal para abordar estos déficits presupuestarios — que podrían alcanzar casi un billón de dólares a finales de 2021— se estima la desaparición de hasta 5.3 millones de empleos del sector público, lo que afectaría de forma desproporcionada a mujeres afroamericanas y latinas, además de debilitar los servicios públicos en Estados Unidos.

Tras realizar encuestas en 140 países, UNICEF enfatizó los innegables vínculos entre la inequidad de género y la crisis educativa en la mayoría de los países. Según el informe, al menos dos de cada tres niños en edad preescolar no han sido alcanzados por el aprendizaje a distancia y casi la mitad de todos los estudiantes que han salido del sistema educativo durante la pandemia son de nivel primario. 

Además de obstaculizar el aprendizaje y bienestar — el cuidado, nutrición adecuada, estimulación y protección durante los primeros años de un niño contribuyen significativamente a su desarrollo social, emocional y cognitivo —, altas tasas de deserción escolar y falta de servicios de guardería han reducido considerablemente las oportunidades de empleo de las mujeres.

En múltiples dimensiones y países, los efectos de la pandemia en la escolarización y el cuidado infantil están vinculados a la equidad de género. En Estados Unidos, el informe de septiembre del Departamento de Trabajo indicó que las mujeres dejaron la fuerza laboral a un índice cuatro veces mayor al de los hombres: 865,000 mujeres mayores de 20 años en comparación con 216,000 hombres del mismo grupo de edad.

A medida que los sectores con una alta proporción de empleo femenino continúan contrayéndose, los cierres de escuelas y guarderías han aumentado masivamente las necesidades de cuidado de los niños, que recaen principalmente en madres. Estas dos tendencias han revelado tanto la vulnerabilidad de las mujeres como trabajadoras menos remuneradas que trabajan en el sector público como los dobles obstáculos que enfrentan al ser cuidadoras y miembros de la fuerza laboral.

Sumándose a un círculo vicioso en el que las mujeres han absorbido la mayor parte de las responsabilidades de cuidado y las tareas domésticas, niñas en contextos educativos globales también se encuentran en desventaja, con menos oportunidades de aprendizaje a distancia y de uso de computadoras en el hogar que niños de la misma edad, además de ser más propensas a experimentar violencia doméstica y abuso sexual.  

Más allá de estos vínculos claves entre el desempleo, el cuidado infantil y la inequidad de género, en Estados Unidos se ha producido una crisis educativa, a pesar de promesas iniciales por autoridades federales y estatales de proteger a toda costa el derecho a la educación durante la pandemia.  

Mientras docentes y administradores se preocupaban con toda razón sobre la transmisión del virus en interiores, un planteamiento reduccionista imperó en Estados Unidos, transformando el apoyo extraordinario a los distritos escolares en una imposibilidad categórica. A medida que aumentaban los riesgos y se agravaba la crisis de salud pública, los debates sobre el cierre de escuelas se volvieron cada vez más políticos.  

En un momento en que el gobierno federal podría haber respondido con respeto, flexibilidad y mayores recursos para apoyar a las autoridades locales, la administración de Trump presionó para que se reabrieran las escuelas a fin de simular mayor normalidad y aumentar las posibilidades de su reelección, sin ninguna consideración real de los protocolos de salud pública.

Cuando las comunidades escolares necesitaban autoridades receptivas con planes concretos para reabrir las escuelas de forma segura o asegurar un mayor acceso en comunidades marginadas al aprendizaje remoto o híbrido, obtuvieron binarias inútiles alimentadas por el partidismo, la polarización y la apatía.

En un año electoral, la presión de Trump por reabrir provocó una respuesta cautelosa por parte de los demócratas — una batalla que contribuyó a los mensajes de cada partido pero que dejó solos a maestros asustados, padres abrumados, administradores vacilantes y niños vulnerables.

El 19 de noviembre, las clases presenciales en Nueva York — el distrito escolar más grande del país —fueron suspendidas de nuevo, sumándose a una serie de cierres de escuelas en todo el país en respuesta a un aumento de infecciones de Covid-19. En vez de mostrar genuina precaución, esta decisión reveló el abandono del gobierno ante millones de niños afectados; una falta de recursos para maestros y administradores durante una crisis que ameritaba apoyo extraordinario a los distritos escolares; y un mensaje de indiferencia para padres de familia luchando contra el desempleo. 

En un sistema educativo desigual, sin preparación para cierres prolongados, es probable que se ahonden brechas de rendimiento académico entre estudiantes de distintos ingresos, agravando las diferencias en los resultados de aprendizaje de alumnos afroamericanos y latinos y aumentando significativamente las tasas de abandono escolar en Estados Unidos. Según un informe de McKinsey, los cierres prolongados y el acceso desigual al aprendizaje a distancia podrían costar a los estudiantes desfavorecidos de comunidades minoritarias y de bajos ingresos hasta 14 meses de educación, lo que afectaría a su bienestar y desarrollo social a largo plazo. 

Para quienes permanecen indiferentes a la crisis global educativa, puede ser útil examinar regiones como América Latina, cuya dolorosa y visible “generación perdida” subraya la magnitud de las deficiencias tecnológicas y brechas de conectividad en comunidades vulnerables, así como los efectos negativos del cierre de escuelas en el aprendizaje y bienestar de millones de niños y jóvenes.

En una región devastada por la pandemia, los niños han perdido cuatro veces más días de educación que estudiantes en el resto del mundo, con más de 137 millones de jóvenes sin escuela. Es posible que los estudiantes que ya están atrasados en los niveles básicos de competencias nunca se recuperen. La UNESCO estima que más de 3.1 millones de niños, adolescentes y jóvenes de América Latina y el Caribe podrían no volver nunca a la escuela debido a los cierres por el Covid-19. 

En un llamado tanto a países en desarrollo como desarrollados, UNICEF advirtió que “a menos que la comunidad global cambie urgentemente sus prioridades, el potencial de esta generación de jóvenes puede perderse trágicamente.”

Decimos que las brechas de acceso educativo, la inequidad de género y el racismo sistemático son “temas claves.” Distintos candidatos ofrecen propuestas y discursos; funcionarios públicos prometen mayor acceso a una educación de calidad y a servicios de cuidado infantil; líderes de varias industrias prometen mayor seguridad para mujeres y trabajadores de color en un mercado laboral que ha favorecido históricamente a los hombres blancos.

Y aún así, el Covid-19 nos mostró que las redes de apoyo para mujeres, niños, y comunidades de color no emergerán cuando más se necesiten.

Si las acciones hablan más fuerte que las palabras, ¿Qué dice esta crisis educativa en la que estudiantes, maestros, administradores y padres de familia tuvieron que valerse por sí mismos sobre sociedades democráticas que caracterizan a la educación como un derecho humano? ¿Qué dice la repentina pérdida de décadas de avances económicos y sociales para las mujeres sobre la lucha por la igualdad de género? 

Mujeres y niños desplazados van a necesitar mayor apoyo a medida que los Estados Unidos y el resto del mundo se enfrenten a las consecuencias económicas, sociales y políticas de la pandemia. No pueden ser abandonados otra vez.

La pandemia de Covid-19 ha afectado a todos los sectores de la sociedad, siendo los niños y las mujeres de los más afectados ante el desempleo y la mala educación. Te dejamos la colaboración de nuestra columnista Daniela Guerrero.

Those left behind in the Covid-19 crisis: women & children

When Federal Reserve Chairman Jerome Powell was recently asked to name his main concerns as the US pursues economic recovery from the Covid-19 pandemic, he cited women involuntarily out of the workforce, children whose education is suffering, and small business owners who have lost “generations of intellectual capital.” 

 Women and children have borne the brunt of a collapsing economy and a disrupted school system — revealing critical pre-pandemic institutional failures. As American women disproportionally face unemployment and children worldwide are deprived of the education they deserve, these “unfortunate” and “unforeseeable” pandemic effects are explained away as inevitable. 

The argument comfortably becomes that, like everything in 2020, these long-term consequences for women and children remain out of anyone’s control. But is this true? How did we even get here? 

The newest UNICEF report on the dangers of a “lost Covid-19 generation”  reminds us that before the pandemic, “deep divisions in how people are treated and given access to services like health, nutrition, education, mental health and social protection” already defined life for millions in developed and developing nations. 

These stark gaps are not only visible among children worldwide, but among women in countries like the US, who, despite proclamations of gender equality, have been hit hardest by unemployment, wage gaps, and a lopsided distribution of housework and childcare. 

Being more likely not only to have lost jobs in the service, retail, and healthcare sectors but also  to care for children amidst closed schools and daycare centers, women grapple with short-term challenges and long-term ramifications in America’s first female recession. Approximately 54 percent of all jobs lost since the pandemic began were held by women. 

Adding to brutal figures earlier this year when Covid-19 ravaged the job market — unemployment for Black women hit 16.5 percent and unemployment for Latinas peaked at 20.2 — many predict larger hits to public sector jobs as falling tax revenues shrink government budgets at the local and state level. Nearly 60 percent of public sector employees are women — including many women of color. 

Without federal government actions to address these budget deficits — estimated to hit nearly $1 trillion by the end of 2021 — up to 5.3 million jobs could disappear, disproportionately affecting women from Black and Latinx communities. 

After conducting surveys in 140 countries, UNICEF highlighted the undeniable links between gender and the education crisis in most countries. According to the report, at least two out of three pre-school children haven’t been reached by remote learning and almost half of all who have exited the education system during the pandemic are elementary school students. Besides hindering children’s learning and well-being — responsive care, adequate nutrition, stimulation, and protection during a child’s first years significantly enhance social, emotional, and cognitive skills — high dropout rates and a lack of childcare services have significantly reduced women employment opportunities. 

On multiple dimensions and across countries, the pandemic effects on schooling and childcare are intrinsically connected to gender equality. In the US, the Labor Department’s September report indicated that women left the workforce at four times the rate as men: 865,000 women over 20 compared with 216,000 men in the same age group. 

As sectors with high female employment shares continue to shrink, pandemic closures have massively increased childcare needs that fall mostly on mothers. These two trends have laid bare both the larger vulnerability of women as lower-paid, public-facing workers, and the double binds they face as primary caretakers and active members of the workforce. 

Adding to a vicious cycle in which women have absorbed most caretaking responsibilities and household work, girls in global educational contexts are also disadvantaged — facing less remote learning opportunities and use of household computers than boys of the same age, as well as being more prone to experience domestic violence and sexual abuse.  

Beyond these key links between unemployment, childcare, and gender inequality, an education crisis continues to unfold in the US — despite initial promises from federal and state authorities to protect the right to education at all costs during the pandemic.  

As teachers and administrators rightly worried about Covid-19 transmission indoors, an all-or-nothing approach took hold in America, transforming increased support to school districts into a categorical impossibility. As the stakes rose and the public health crisis worsened, debates around in-person instruction became increasingly politicized

In a moment in which the federal government could have responded with deference, flexibility, and additional resources to support local authorities, President Trump ruthlessly pushed for school reopenings to simulate normalcy and increase his reelection chances, without any real consideration for public health protocols and actual mitigation strategies to make it safe for both adults and children. 

When school communities needed receptive, principled authorities with real plans to reopen safely or secure greater access in underserved communities to remote or hybrid learning, they instead got unfruitful binaries fueled by partisanship, polarization, and apathy. 

In an election year, Trump’s cavalier insistence on full reopenings prompted an overcautious response from Democrats — a battle that contributed to each party’s messaging but left scared teachers, overwhelmed parents, hesitant administrators, and vulnerable children devastatingly alone. 

On November 19, in-person instruction in New York City — the largest school district in the country — was shut down again, adding to several closures around the country amid rising infection rates. Rather than genuine caution, this decision revealed government disregard for millions of affected children; lacking resources to teachers, administrators, and school districts amid a crisis that required extraordinary support; and an indifferent message to working and unemployed parents. 

In an already unequal education system, unprepared for extended shutdowns, persistent achievement disparities across income levels are likely to exacerbate, compounding gaps in Black and Latinx students’ learning outcomes while significantly increasing dropout rates in the US. According to a McKinsey report, prolonged closures and unequal access to remote learning could cost disadvantaged students from minority and low-income communities up to 14 months of education, affecting their long-term development.

For those who remain indifferent to the global education crisis, it may be useful to look at regions like Latin America, whose painfully visible “lost generation” emphasizes the severity of technological and connectivity gaps in underserved communities, as well as shutdowns’ damaging effects in children’s learning outcomes and well-being. 

In a region devastated by the pandemic, children have lost four times more days of education than students in the rest of the world. Students already behind in basic proficiency levels in elementary and secondary levels may never recover. UNESCO estimates that more than 3.1 million children and youths in Latin America and the Caribbean may never return to school. 

In a plea to both developing and developed countries, UNICEF warned that “unless the global community urgently changes priorities, the potential of this generation of young people may well be lost.” 

We say gaps in education, gender inequality, and systemic racism are “key issues” today. Candidates offer grand proposals and lofty speeches; public officials promise greater access to quality education and childcare services; industry leaders promise greater security for women and people of color in a job market that has historically favored white men. 

And yet, Covid-19 showed us that support networks for women, children, and communities of color won’t emerge when it matters most. 

If actions speak louder than words, what does an education crisis in which students, teachers, administrators, and parents were left to fend for themselves say about democratic societies that characterize education as a human right? What does the sudden loss of decades’ worth of economic and social advancement for women say about the fight for gender equality? 

Displaced women and children are going to need extended support as the US and the rest of the world deal with the economic, social, and political fallout of the pandemic. They can’t be left behind again. 

TW: @daniguerreroo

JGR

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