Mi nombre es Marina

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Una mujer fantástica es un drama cargado de orgullo y coraje contando a través de una mujer transgénero.

El parque ecoarqueológico Xcaret engalanó la más reciente entrega de los Premios Platino a lo mejor del cine iberoamericano, donde Una mujer fantástica, la cinta chilena dirigida por Sebastián Lelio arrasó con los premios a Mejor Película Iberoamericana, Mejor Dirección, Mejor Guión, Mejor Interpretación Femenina y Mejor Dirección de Montaje. Abonando más de 30 nominaciones en distintos festivales alrededor del mundo, y 17 galardones como el Óscar y el Goya a Mejor Película Extranjera, es irrefutable el éxito que continúa cosechando, acaparando la mirada de propios y extraños.

El relato intimista contra la intolerancia social, muestra la vida de Marina Vidal —la eficaz Daniela Vega— una modesta cantante transgénero que trabaja de mesera en un pequeño restaurante en Santiago de Chile, que ve trastocado su mundo tras la repentina muerte de Orlando —interpretada por Francisco Reyes— su actual pareja veinte años mayor, después de una noche de fiesta en la que celebraban su cumpleaños. Inculpada por los fatídicos hechos, su temple se pondrá a prueba cuando le sea impedido vivir abiertamente su duelo, se cuestione su identidad, y se ponga en duda su reputación.

El mensaje de inclusión poco a poco se despoja de etiquetas, y por fin está recibiendo la atención necesaria en la pantalla grande. Sin embargo, falta mucho camino por recorrer, pero las increíbles historias que ya se están contando hoy con protagonistas atípicos, es digno de aplaudirse. No resulta extraño que las denominadas películas de autor traspasen mercados y audiencias para llevar su mensaje por el mundo entero.

La semilla que siembra Lelio en Una mujer fantástica es bastante sencilla, hay que liberarse de las costumbres tóxicas, desaprender lo aprendido para volver a aprender. Siempre resulta más fácil juzgar algo que no se conoce; muestra de ello son los insultos que le lanzan a Marina la ex esposa de Orlando, su hijo y cuanta persona nueva se le cruza en el camino: No sé qué eres; estoy frente a una quimera; Marina ¿es un apodo?, y un largo etcétera.

La fuerza inextinguible de Una mujer fantástica —vista desde la inequidad, frustración, intolerancia, furia y orgullo de su protagonista Daniela Vega— radica en que no es manipulable, pero si auténtica y autodependiente, a Marina no la doblega ni el viento; su arrojo y valentía inquebrantable por defender con la vida sus ideales y creencias la convierten en heroína, y de paso abre la brecha para acortar el camino social hacia el respeto y la tolerancia.

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