Los fantasmas del miedo

Los fantasmas del miedo

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No hay nada más aterrador que el miedo a lo desconocido. Miedo a un sonido del que no sabemos su origen. Miedo a tu propio padre al que creías conocer.

La carrera del cineasta Daniel Castro Zimbrón es prometedora, su paso por distintos festivales internacionales como el Atelier en Cannes, el Sitges de Barcelona y en cuatro ocasiones en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde ganó el Premio del Público en 2016 cuando presentó “Las Tinieblas”, avalan los bríos por buscar un cine de género diferente, ganándose así un espacio privilegiado dentro de la cinematografía nacional con un thriller de estética y actuaciones impecables.

La historia se desarrolla en una cabaña en lo profundo del bosque, tiempo después de un raro suceso apocalíptico que ha cubierto la tierra con una densa neblina tóxica. Al interior viven el Gustavo, el padre —interpretado por Brontis Jodorowski— y sus tres hijos: Marcos —Fernando Álvarez— Argel —interpretado por Aliocha Sotnikoff que le mereció una nominación al Ariel— y la pequeña Luciana —Camila Robertson— quienes han pasado toda su vida encerrados en el sótano de la lúgubre cabaña resguardándose de una extraña criatura que parece acecharlos. Las reglas se salen de control cuando misteriosamente Marcos desaparece sin dejar huella, y entonces Argel decide emprender su búsqueda, provocando que las verdades salgan a la luz y dejen entrever los misterios que esconde el bosque y su padre.

La increíble atmósfera de misterio se complementa con la fotografía a cargo de Diego García que toma fuerza con la banda sonora creada por Carlo Ayhllón, en donde el espectador puede sentir la incertidumbre que aqueja a los críos. La historia se convierte en un rompecabezas de pistas en donde la sobreprotección del patriarca se vuelve vulnerable cuando Argel descubre algunos huecos en su rígido sistema reglamentario poniéndolo en entredicho cuando hacen su aparición un anciano acompañado de un andrógino personaje llenando de tensión a toda la familia.

El segundo largometraje de Zimbrón se aleja —y se agradece enormemente— de los suntuosos recursos hollywoodenses que además resultarían innecesarios por lo minimalista de su confección, valiéndose de un único recurso para cimentar toda la historia con aterradora distinción: el temor.

Quizás la analogía de “Las Tinieblas” que en principio pudiera resultar sencilla, sea un poco más compleja de lo que aparenta, además del amor enfermizo y proteccionista  de Gustavo hacia sus vástagos, ejemplifica la dura lección de madurar cuando somos inermes ante los factores externos, y aunque resulta imposible no pensar en “La Aldea” de M. Night Shyamalan del 2004, el ejercicio propuesto y magistralmente logrado por el cineasta mexicano, colocan el filme en el prestigiado cine de autor del que muchos no lograrán salir totalmente satisfechos. Además el cierre deja la puerta abierta para que el espectador genere sus propias conclusiones, incluso abre la posibilidad para una secuela, aunque muchos aseguran el filme es la segunda entrega de una trilogía, la primera parte fue “Táu” del 2012.

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