John Lewis: Lecciones de un hombre ejemplar

El viernes 17 de julio, el congresista por el estado de Georgia John Lewis falleció a los 80 años tras perder la batalla contra el cáncer pancreático.

Lewis, un incondicional del movimiento de derechos civiles y el último orador de la Marcha en Washington por Empleos y Libertad de 1963, luchó en el frente de la batalla contra las leyes de Jim Crow.

Antes de servir en el Congreso por más de 30 años, Lewis fue uno de los 13 “Freedom Riders” originales — los activistas blancos y afroamericanos que desafiaron los viajes interestatales segregados en el sur en 1961.

También fue uno de los fundadores y primeros líderes del Comité de Coordinación Estudiantil No Violenta, que coordinó las ocupaciones a comercios segregados en los 60’s.

Lewis dirigió manifestaciones contra baños, hoteles, restaurantes, parques públicos y piscinas racialmente segregadas, oponiéndose a la ciudadanía de segunda clase. Lo golpearon, le escupieron y lo quemaron con cigarrillos. Fue arrestado 40 veces desde 1960 hasta 1966, y en una ocasión, recibió golpes que lo descalabraron.

Más de medio siglo después, después del asesinato de George Floyd bajo custodia policial en Minneapolis, Lewis acogió las manifestaciones globales contra la brutalidad policial y el racismo sistémico. El representante de Georgia vio la ola de protestas como una continuación del trabajo al que dedicó su vida.

El mes pasado, debilitado por el cáncer, pero aún en pie, inspeccionó las enormes palabras pintadas en la calle frente a la Casa Blanca: “las vidas negras importan.”

«Fue muy, muy conmovedor ver a cientos de miles de personas de todo Estados Unidos y de todo el mundo salir a las calles para meterse en lo que yo llamo ‘buenos problemas.'» Lewis dijo en entrevista con CBS en junio.

«Esto se siente y se ve muy diferente», dijo sobre el movimiento de Black Lives Matter, el cual impulsó las manifestaciones contra el racismo. «Es mucho más masivo e inclusivo. No habrá vuelta atrás.»

Con el paso del tiempo, el movimiento de derechos civiles en Estados Unidos se convirtió en una colaboración entre los mártires que murieron por la causa y los incondicionales encargados de vivir por ella.

Lewis perteneció a este grupo de sobrevivientes de Albany, Anniston, Jackson y Little Rock, encomendados con la tarea de institucionalizar y defender las ganancias obtenidas por líderes como Martin Luther King.

Al igual que sus colegas Eleanor Holmes Norton, Andrew Young y Marion Barry, Lewis contribuyó a la lucha por la equidad racial desde un cargo público.

El congresista por Georgia estuvo entre los manifestantes atacados en el puente Edmund Pettus durante las manifestaciones del «Domingo sangriento» en Selma, Alabama, parte de la campaña para una ley nacional de derechos de voto.

Lewis, sangrando, cruzó el puente y pronunció un discurso denunciando las prioridades de Lyndon B. Johnson. “No sé cómo el presidente Johnson puede enviar tropas a Vietnam, no veo cómo puede enviar tropas al Congo, no veo cómo puede enviar tropas a África y no puede enviar tropas a Selma,” dijo.

Las brutales imágenes de Selma presionaron a Johnson a apoyar lo que finalmente se convirtió en la Ley de Derechos Electorales de 1965, un hito en la lucha por los derechos civiles.

La ley anuló las pruebas de alfabetización para afroamericanos y cambió al registro de electores segregacionista por una base de datos federal.

Lewis se convirtió en el guardián de la legislación cada vez que se renovaba en el Congreso. Su larga carrera en el Congreso estuvo marcada por las protestas. Fue arrestado en Washington varias veces — afuera de la embajada de Sudáfrica por manifestarse contra el apartheid y en la embajada de Sudán mientras protestaba contra el genocidio en Darfur.

En 2010, apoyó el proyecto de ley de salud del presidente Obama, una medida divisiva que atrajo a manifestantes al Capitolio. Muchos gritaron obscenidades e insultos racistas contra Lewis y otros miembros del Caucus Negro del Congreso.

Años como activista habían preparado al congresista para enfrentar multitudes intolerantes y violentas con dignidad y fortaleza. «Estaban gritando insultos racistas, como una especie de acoso,» dijo Lewis. «Pero está bien. Me he enfrentado a esto antes.

En 2016, después de una masacre en un club nocturno de Orlando, Florida, que dejó 49 personas muertas, dirigió una demostración en la Cámara de Representantes para protestar por la inacción federal en el control de armas.

En un clima político que recompensa la división y el espectáculo, Lewis emerge como un recordatorio poderoso de la vocación al servicio público.

El cinismo y la simulación se han vuelto valores cardinales en el paisaje electoral actual, puesto que cada vez más líderes le apuestan a las fracturas sociales y culturales para asegurar bases leales que “odien” a sus detractores y viceversa.

Sin embargo, historias como la de Lewis sugieren un antídoto: trabajar con dedicación, a favor de los ciudadanos, sin trucos y juegos que asumen lo peor del electorado, vale la pena.

La vida de John Lewis nos recuerda que luchar por un sistema más justo y más unido es la batalla más difícil — pero también la más valiosa.

Lewis dejó atrás muchas lecciones para activistas, representantes y ciudadanos por igual. Quizás la más importante es que creer en el servicio público y la gobernabilidad como elementos fundamentales del poder político en un sistema imperfecto, no nos hace ingenuos, sino valientes.

Servir a los demás puede parecer una meta pasada de moda si observamos las luchas de poder actuales, pero para John Lewis, no había nada más.

El mayor consejo del implacable activista y dedicado servidor público a generaciones futuras merece ser repetido: “No te pierdas en un mar de desesperación. Ten esperanza, sé optimista. Nuestra lucha no es la lucha de un día, una semana, un mes o un año, es la lucha de toda una vida. Nunca, nunca temas hacer ruido y meterte en el buen tipo de problemas. El tipo de problemas necesarios.”

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