La inauguración de Biden lidiará con herencias de Trump

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Decir que la toma de posesión del presidente electo Biden este 20 de enero diferirá de las anteriores es un eufemismo. Las secuelas de las diferentes crisis influirán en el tono de una ceremonia previamente optimista. 

El sobrio evento, en su mayoría virtual, tendrá lugar en medio de importantes preocupaciones de seguridad relacionadas con la insurrección del Capitolio el 6 de enero — mientras la pandemia del Covid-19 continúa haciendo estragos en el país. El actual presidente, Donald Trump, no asistirá

Según el New York Times, al menos 400,000 estadounidenses más han muerto desde marzo en comparación con años anteriores, lo que sugiere un número de muertes aún mayor al previamente registrado. A medida que el virus se propaga incontrolablemente por las comunidades de todo el país y abruma a los sistemas de salud de varios estados, las esperanzas de ampliar el acceso a la vacuna han disminuido recientemente. 

En otro ejemplo de mala gestión federal y falta de transparencia en la Operación Warp Speed, el secretario de salud Alex Azar anunció el martes pasado que el gobierno liberaría las dosis de vacunas previamente reservadas para segundas inyecciones. ¿El único problema con el anuncio de Azar? La inexistencia de tal reserva.

Según el Washington Post, la administración Trump ya había enviado las dosis restantes para el régimen de dos inyecciones a finales de diciembre, lo que hizo que las discusiones sobre cómo usar la reserva de vacunas fueran completamente ficticias. 

Más allá de lo discutible que ha resultado ser el legado de la presidencia de Trump en las últimas semanas, mientras condenas y defensas continúan chocando, algunos hechos son ineludibles. 

En primer lugar, EU tienen el mayor número de muertes de Covid-19 en el mundo. Esto se debe en gran parte a la inacción del gobierno federal, esfuerzos insuficientes de autoridades locales y estatales, guerras culturales ante el uso de cubrebocas y el distanciamiento social, y profundas desigualdades en el acceso a atención médica, oportunidades de trabajo a distancia, y exposición viral entre estadounidenses blancos y comunidades de color. 

En segundo lugar, el despliegue de la vacuna ha demostrado ser caótico y poco claro. Es necesario acelerar la producción para que la campaña de vacunación influya en la trayectoria de la pandemia en el país. Pero lo más importante es que la distribución priorice el acceso justo y equitativo a las vacunas, así como la creación de campañas para personas de color que desconfían de la vacuna debido a experiencias pasadas de abuso con la comunidad médica. 

En tercer lugar, las solicitudes de desempleo nacionales han alcanzado niveles históricos, mientras decenas de millones de personas siguen sin poder ganarse la vida, pagar servicios básicos y alimentar a sus familias. Las consecuencias económicas de la pandemia han sido especialmente pronunciadas en hogares afroamericanos, latinos, nativos norteamericanos, y migrantes.

Por último, la incitación directa de Trump a grupos nacionalistas de extrema derecha —  materializada en la insurrección del Capitolio el 6 de enero  —  ha surgido cada vez más no como una opinión, sino como un fenómeno fácil de demostrar. Biden tendrá que liderar una nación lidiando con los efectos del Trumpsimo, la supremacía blanca, y el racismo estructural. 

El mandato de Biden probablemente se definirá por su manejo de las consecuencias inmediatas y a largo plazo de la presidencia de Trump. 

La próxima y extremadamente peculiar ceremonia de inauguración refleja un momento más grande de dolor, división, incertidumbre y tragedia en un país que actualmente se enfrenta a una compleja mezcla de fisuras políticas, sociales y económicas. 

Aunque las decisiones de Biden no estarán libres del escrutinio público o del partidismo, su manejo de las amenazas que se han salido de control debe dirigirse al mayor número posible de estadounidenses. Problemas como el despliegue de la vacuna, la mitigación del Covid-19, el desempleo y la violencia en el país son producto de la predilección de Trump por la politización y polarización. Biden debe buscar trascender estos impulsos en sus propuestas y soluciones. 

Biden’s inauguration set to face Trump’s legacy

Saying that president-elect Biden’s inauguration on January 20th will diverge from previous ones is an understatement. Sequels from different crises will influence the tone of a previously affirmative ceremony. 

The downsized and mostly virtual event will take place amid significant security concerns related to the Capitol insurrection on January 6th — as the Covid-19 pandemic continues to rage through the country. The current president, Donald Trump, will not attend

According to the New York Times, at least 400,000 more Americans have died since March compared to previous years, suggesting an even higher number of deaths than those directly registered. As the virus spreads uncontrollably through communities across the country and pushes healthcare systems in several states to the brink, hopes for expanded vaccine access have recently dwindled. 

In yet another example of federal mismanagement and lack of transparency regarding Operation Warp Speed, Health and Human Services Secretary Alex Azar announced last Tuesday that the government would release vaccine doses previously reserved for second shots. The only problem with Azar’s announcement? The inexistence of such a reserve.

According to the Washington Post, the Trump administration had already shipped out the remaining doses for the two-shot regimen by the end of December, which rendered discussions about how to use the vaccine reserve completely fictional. 

Beyond how debatable the Trump presidency’s legacies have proven to be over the last couple of weeks as forceful condemnations and defenses continue to clash, some facts remain inescapable. 

First, the US has the highest Covid-19 death toll in the world —  largely due to federal government inaction, insufficient mitigation efforts from local and state authorities, culture wars over masks and social distancing, and pervasive inequities in healthcare access, remote work opportunities, and viral exposure between white Americans and communities of color. 

Second, a vaccine rollout that was continually framed as rapid and seamless has proven chaotic and unclear. Production needs to accelerate for the vaccination campaign to influence the pandemic’s trajectory in the country. But most importantly, distribution must also prioritize fair and equal access to vaccines, as well as campaigns reassuring people of color that distrust the vaccine due to past experiences of abuse with the medical community. 

Third, national unemployment claims have reached historic highs as tens of millions remain unable to earn a living, pay basic services, and feed their families. The economic fallout of the Covid-19 pandemic has been particularly prevalent among Black, Latino, Native American, and immigrant households

Finally, Trump’s direct incitement and sanctioning of far-right and white nationalist groups — materialized in the Capitol insurrection on January 6th — has increasingly surfaced not as an opinion, but a demonstrable phenomenon. Biden will have to lead the way as a nation that has long grappled with white supremacy and structural racism faces Trumpism and the violence that the president’s electoral defeat has already unleashed. 

Biden’s tenure will likely be defined by how well he manages to mitigate both the immediate and long-term consequences of the Trump presidency. 

The upcoming and extremely peculiar inauguration ceremony reflects a larger moment of grief, division, uncertainty, and tragedy in a country currently facing a complex mixture of political, social, and economic fissures. 

While Biden’s decisions will not be free of public scrutiny or partisanship, his management of threats that have spiraled out of control must address the largest number of Americans possible. Issues such as the vaccine rollout, Covid-19 testing and mitigation efforts, white supremacy, unemployment, and violence across the nation are the product of Trump’s predilection for politicization and polarization. Biden’s proposals must transcend these impulses. 

TW: @daniguerreroo

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