Honey Boy: La película que exime del dolor a Shia LaBeouf.

Honey Boy: La película que exime del dolor a Shia LaBeouf.

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Después del fracaso que representó la colaboración de Shia LaBeouf en la película bélica «Man Down», donde solo un espectador la vio durante su estreno en el Reino Unido, este año regresa de la mano de Amazon Studios con el drama «Honey Boy», un guion escrito por el actor que destapa la experiencia al lado de su padre durante su adolescencia. Bajo las órdenes de la directora Alma Har’el, la crítica internacional la recibió con una excepcional respuesta positiva. 

Es la historia de Otis —entrañable Noah Jupe— un niño de 12 años que descubre rápidamente la fama en la industria del cine. Con una madre ausente, su padre — un irreconocible Shia LaBeouf— funge como su manager, tratando de colarlo en cualquier proyecto con tal de que se convierta en lo que él no pudo llegar a ser por su falta de carisma. Viviendo en un precario cuarto de hotel, la convivencia entre ambos se vuelve bastante ríspida y termina convirtiéndolos en adversarios por más de una década.

La adulación del yo parece ser un recurso de moda en estos tiempos, bastaría mencionar a la «Roma» de Cuarón, «Erase una vez en Hollywood» de Tarantino y el «Dolor y Gloria» de Almodóvar. Una fórmula ganadora que LaBeouf no desperdicia y utiliza como paliativo al ponerse en la piel de su padre, pero sin caer en la denuncia de otros menores que han sido explotados por intereses de terceros. La cinta se convierte en una íntima confesión: ‘‘El dolor es lo único que tengo de mi padre’’, resuelve Otis —interpretado por Lucas Hedges en edad adulta— cuando decide reconciliarse con el pasado.

Su estilo desenfadado, único y sin poses que alguna vez le consideraron como el siguiente Tom Hanks, el niño encantador de Hollywood utiliza el cine como bálsamo, pero su ejercicio funciona también como purga de emociones porque sentir es para valientes. Nos guste o no, las emociones están presentes a lo largo de la vida. Abrazarlas o rechazarlas depende en gran medida de cómo fuimos entrenados por los adultos que estuvieron a cargo. Nadie, o quizá muy pocos, pueden presumir de una infancia plena, feliz y llena de amor. No existe familia perfecta, porque nadie es perfecto. Al final sucede que el hijo termina convirtiéndose en padre, y la madurez llega como baldazo de agua helada. Pero no hagas caso de lo que diga la gente Shia, para nosotros sigues siendo un regalo de Dios.

Wilmer Ogaz.

FB. Wilmer Ogaz

TW. @wilmerogaz

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