“Si me quieren ver muerta de hambre, lo van a ver:” Trabajadores migrantes exigen 3,500 millones de sustento por la pandemia

Compartir en email
Email
Compartir en twitter
Twitter
Compartir en facebook
Facebook
Compartir en whatsapp
WhatsApp
Compartir en telegram
Telegram

Rubiela Correa lleva diez días sin comer. Ha estado ayunando en la huelga de hambre “Alimentado a los Olvidados,” la culminación de una campaña de meses para exigir 3,500 millones en subsidios por la pandemia para migrantes indocumentados y otros neoyorquinos excluidos después de un año sin trabajo y sin ayudas del gobierno. 

Días antes de que venza el plazo del presupuesto estatal del 1 de abril, más de setenta y cinco personas han participado en la huelga rotatoria, incluidos al menos cuarenta trabajadores excluidos que se han alojado en la Judson Memorial Church, cerca de Washington Square Park. 

Correa llegó a Nueva York desde Colombia hace nueve años. Cuando estalló la pandemia, perdió su trabajo principal como empleada de limpieza de casas. Unas semanas después, la despidieron de su segundo trabajo cuidando a una pareja de adultos mayores. “De repente, todo el mundo me cerró la puerta y me dijo que en un par de semanas volviera,” dijo Correa. “Pero luego pasó un mes, seis meses, un año y nada cambió.” 

Cientos de trabajadores exigieron ayudas para sobrevivir a la pandemia que azota eu.

Mientras el trabajo se detuvo por completo y las cuentas se acumularon, la migrante de 49 años se vio finalmente obligada a abandonar su apartamento de Queens y a dormir en refugios que la hacían sentir insegura y, a veces, incluso dentro del aeropuerto JFK. Ya no puede enviar parte de su sueldo a su hijo en Colombia y debe cuatro meses de renta a su antiguo casero. 

Correa dice que, a pesar de haber pagado impuestos y trabajado duro durante años, la pandemia expuso la extrema vulnerabilidad de su vida como migrante indocumentada. “Caí en una fuerte depresión y sólo quería coger mis maletas e irme a casa,” dijo Correa. “Pero entonces recordé que tampoco había nada para mí en casa, es una encrucijada imposible.” 

Hasta el día de hoy, Correa no ha recibido ningún subsidio por la pandemia de ningún nivel del gobierno y ha estado sobreviviendo a base de favores, despensas y dinero prestado. “Después de tantas horas en la fila, volvía a casa con una pequeña bolsa de lentejas, arroz y latas que caducaban en dos días,” dijo Correa. “Me hacía sentir miserable, frustrada, triste, y vacía por dentro tener que comer así.” La trabajadora colombiana dice que dejó de poder pagar sus necesidades, desde el pasaje de autobús hasta su medicamento para la hipertensión, incluso a precios reducidos. “Tuve que acumular cambio durante semanas sólo para poder comprar un medicamento de 2 dólares.” 

Imprescindibles pero Excluidos

Correa no está sola en su intensa lucha. Según un informe reciente del Fiscal Policy Institute, aunque más de la mitad de los trabajadores esenciales de la ciudad son migrantes, se calcula que por lo menos 274,000 neoyorquinos no recibieron ninguna ayuda federal o estatal por su estatus migratorio o por haber sido encarcelados recientemente. 

Te puede interesar: Luchando contra un jefe “fantasma” en sus teléfonos: Repartidores de aplicaciones de entrega de comida en Nueva York se unen para combatir la explotación a manos de empresas tecnológicas.

Desde el personal médico hasta trabajadores de construcción, jornaleros, trabajadores de la industria alimentaria, empleados, limpiadores y personal doméstico, los migrantes que permanecieron en la línea de fuego de la pandemia o que perdieron su trabajo en el último año no pudieron cobrar pagos de desempleo, cobrar cheques de estímulo, o solicitar préstamos para negocios pequeños.

Bianca Guerrero, coordinadora de la campaña de la Coalición de Trabajadores Excluidos, dice que los trabajadores que han mantenido a la ciudad de Nueva York funcionando y han pagado impuestos durante años fueron excluidos de una ayuda que no sólo necesitan, sino que se han ganado con sus contribuciones económicas. “No se les ha tratado como a otros trabajadores esenciales,” dijo Guerrero.

La campaña Fund Excluded Workers comenzó desde marzo del año pasado, cuando quedó claro que el estatus migratorio y reciente encarcelamiento impedirían que cientos de miles de personas recibieran asistencia del gobierno. “La gente está muy cansada de escuchar a los funcionarios electos una y otra vez decir que no hay suficiente dinero, que el presupuesto del estado está en tan mal estado,” dijo Guerrero. “Están en huelga de hambre porque ya no tienen nada que perder.” 

La idea de la huelga de hambre surgió años antes, cuando Felipe Idrovo, un trabajador de Ecuador y miembro de Make the Road NY, una de las cien organizaciones comunitarias en huelga, compartió la estrategia. “Yo era camarógrafo en Ecuador y veía estas huelgas de hambre,” dijo Idrovo, que participó en otra huelga hace más de diez años. “La última vez ayuné cuatro días y fue muy duro, pero ya superé mi récord.” 

Idrovo, que lleva siete días de ayuno, sufrió la muerte de su hermano a causa de Covid-19 el año pasado. El también se enfermó y acabó urgencias en Elmhurst Hospital, en Queens, un barrio mayoritariamente migrante que se convirtió en el epicentro de la pandemia en Nueva York. 

El trabajador ecuatoriano perdió su empleo en una planta de envasado de alimentos el pasado marzo, cuando se cerró a causa de la pandemia, y su segundo trabajo como camarógrafo de eventos se vio diezmado por la cancelación de celebraciones. El casero del apartamento de Idrovo lo desalojó y se mudó a una casa con unos amigos de su iglesia. “Pasé de un apartamento a una habitación individual sin esperarlo y me acabé mis ahorros,” dijo Idrovo. “También extraño a mi hermano.”

¿Cuánto dinero es suficiente?

El núcleo de la controversia sobre cuánto dinero destinar a los trabajadores excluidos tiene que ver con elevar impuestos a los residentes más ricos de Nueva York. 

Algunos miembros del Senado y de la Asamblea del Estado de Nueva York han propuesto crear un fondo para trabajadores excluidos con un presupuesto de 2,100 millones, que daría a los trabajadores elegibles hasta 3,300 dólares al mes. Aunque es probable que la propuesta se apruebe en ambas cámaras, activistas y trabajadores afirman que no es una cantidad que se corresponda con los subsidios que otros trabajadores ya recibieron el último año. 

Para elevar la suma a 3,500 millones de dólares, sería necesario aumentar los impuestos de los neoyorquinos más ricos hasta un nivel combinado de casi el 15%, lo que lo convertiría en el índice fiscal estatal y local más alto del país. En enero, el gobernador Andrew Cuomo propuso aumentar los impuestos a los más ricos para solventar el déficit presupuestario debido a la pandemia. 

Sin embargo, Cuomo se ha alejado gradualmente de esa propuesta, y su principal asesor presupuestario ha dicho recientemente que un aumento de impuestos puede no ser necesario debido a los ingresos adicionales y al paquete de estímulos federal. 

Los demócratas en la Legislatura dicen que aumentar los fondos para ayudar a los desproporcionadamente afectados por la pandemia requiere una propuesta de 7,000 millones en nuevos impuestos, pero los poderosos intereses de grupos empresariales y la industria financiera han impulsado una campaña de rechazado a este aumento, argumentando que elevar los impuestos en medio de la recesión de la pandemia conducirá a que más corporaciones e individuos abandonen el estado.

La líder de la mayoría del Senado, Andrea Stewart-Cousins, dijo que es importante priorizar la paridad en el próximo presupuesto, no las preferencias de los residentes más ricos. “Estamos buscando una manera de mantener la capacidad de pagar las cosas que los neoyorquinos necesitan para realmente prosperar,” dijo Stewart-Cousins. “Estamos buscando la equidad y mantener la financiación.” 

El miércoles 24 de marzo, varios funcionarios y candidatos estatales expresaron su apoyo a la asignación de 3,500 millones de dólares a un fondo para trabajadores excluidos, entre ellos el concejal de Nueva York Brad Lander, el contralor de Nueva York y candidato a la alcaldía Scott Stringer, y las candidatas a la alcaldía Maya Wiley y Dianne Morales. 

“Estoy ayunando en solidaridad con los trabajadores en huelga de hambre para apoyar su causa,” dijo Lander. “El Estado de Nueva York debe gravar a los multimillonarios y apoyar a los trabajadores excluidos.” Stringer anunció que también ayunaría durante un día en apoyo de la Coalición de Trabajadores Excluidos Financiados. 

La semana pasada, varios defensores, inmigrantes indocumentados y otros trabajadores esenciales marcharon hasta la residencia del fundador de Amazon, Jeff Bezos, en la Quinta Avenida, acusando a Bezos y a otros multimillonarios de beneficiarse directamente de su posición precaria y de su mano de obra barata. 

“Seguiré adelante”

“Confiamos en estas personas para que nos ayuden a criar a nuestros hijos, a limpiar nuestras casas y a cuidar de nuestros adultos mayores,” dijo la senadora estatal Jessica Ramos en una rueda de prensa previa. “No es sólo que lo merezcan, es que se lo han ganado.” 

Los defensores dicen que gravar a los residentes más ricos de Nueva York para financiar las obras excluidas no sólo es aceptable, sino necesario. “Nueva York es un estado muy rico, tiene el dinero, ¿qué espera?”, dijo la excandidata a gobernadora Cynthia Nixon. 

La organizadora de Make the Road NY, Ángeles Solís, afirma que durante más de un año los inmigrantes estuvieron sobradamente representados como trabajadores de primera línea mientras no recibían ninguna ayuda. “Se aseguraron de que muchas personas pudieran sobrevivir la pandemia desde la comodidad de sus hogares a través de Zoom,” dijo Solís. “Han estado sirviendo a todos los demás, mientras ellos mismos han sido desatendidos por un sistema al que contribuyen”. 

Rubiela Correa, que padece hipertensión arterial, protesta ahora desde una silla de ruedas. Cada día siente más frío a causa del ayuno y su presión se ha disparado a lo largo de la semana. Su rostro está pálido y tiene ojeras. “No puedo dormir muy bien porque me desvelo por las noches pensando en mis deudas, en mi familia, en mi futuro,” dice. 

Al igual que otros, los niveles de energía de Correa han decaído tras diez días sin comer, pero dice que seguirá ayunando. “No quiero llorar porque estoy muy cansada de llorar,” dijo Correa, mientras intentaba evitar que las lágrimas mojaran su mascarilla. “Seguiré adelante.” 

Ana Ramírez es una trabajadora de México que también lleva diez días de ayuno y que, al igual que Ruby, ahora está en silla de ruedas. “Ya no basta con decirnos good job,” dijo Ramírez en una reciente rueda de prensa. “Si quieren verme morir de hambre, lo harán.” 

A medida que se acerca la fecha límite del presupuesto de abril, los trabajadores excluidos y sus partidarios seguirán privándose de alimentos.

“I you want to see me die of hunger, you will:” Immigrant Workers Demand $3.5 billion in pandemic relief

Rubiela Correa hasn’t eaten in ten days. She has been fasting for the “Feed the Forgotten” hunger strike, the culmination of a months-long campaign to demand $3.5 billion in pandemic relief for undocumented immigrants and other ineligible New Yorkers after a year without work and government aid. 

Days before the April 1st state budget deadline, over seventy-five people have been participating in the rolling strike, including at least forty excluded workers who have been staying at the Judson Memorial Church near Washington Square Park. 

Correa came to New York City from Colombia nine years ago. When the pandemic hit, she lost her main job as a house cleaner. A few weeks later, she was fired from her second job caring for an elderly couple. “Suddenly, everyone shut the door and said in a couple of weeks you can come back,” said Correa. “But then a month, six months, a year went by and nothing changed.” 

Cientos de trabajadores exigieron ayudas para sobrevivir a la pandemia que azota eu.

As work fully stopped and bills piled up, the 49-year-old was ultimately forced to move out of her Queens apartment and slept in shelters that made her feel unsafe and at times, even inside JFK airport. She can no longer send part of her paycheck to her son in Colombia and owes four months of rent to her former landlord. 

Correa says that despite paying taxes and working hard for years, the pandemic bared the extreme vulnerability of her life as an undocumented immigrant. “I fell into a severe depression and just wanted to pack my bags and go home,” said Correa. “But then I was reminded that there was nothing for me back home either, it’s a vicious cycle.” 

Te puede interesar: Repartidores de comida en Nueva York luchan por vacunarse

To this day, Correa has received no Covid-19 relief aid from any level of government and has been surviving on favors, food banks, and borrowed money. “After so many hours in line, I would walk back home with a small bag of lentils, rice, and cans expiring in two days,” said Correa. “It made me feel so small and empty inside to have to eat like that.” The Colombian worker says she stopped being able to afford everything — from bus fare to her high blood pressure medication, even at reduced prices. “I had to hoard change for weeks just to afford a $2 medicine.” 

Essential but Excluded

Correa is not alone in her intense struggles. According to a recent report by Fiscal Policy Institute, even though more than half of the city’s essential workers are immigrants, at least 274,000 New Yorkers received no federal or state relief because of their immigration status or recent incarceration. 

From medical staff to construction workers, day laborers, food industry workers, clerks, cleaners, and domestic workers, immigrants who remained at the frontlines of the pandemic or lost their jobs in the past year were never able to collect unemployment, cash stimulus checks, or apply for small business loans. 

Bianca Guerrero, campaign coordinator of the Fund Excluded Workers Coalition, says residents who have kept New York City running and have paid taxes for years were excluded of relief they not only need, but have earned with their economic contributions. “They haven’t been treated like other essential workers,” Guerrero said.

The Fund Excluded Workers campaign has been active since March last year, when it became clear immigration status and recent incarceration would prevent hundreds of thousands of people from receiving aid. “Folks are so tired of hearing from elected officials over and over that we don’t have enough money, that the state budget is in such bad shape,” said Guerrero. “They are now on hunger strike because they have nothing left to lose.” 

The idea of a hunger strike came years before from Felipe Idrovo, a worker from Ecuador and member of Make the Road NY, one of a hundred community organizations in the strike. “I was a videographer in Ecuador, and I would see these hunger strikes from teachers and others,” said Idrovo, who participated in another hunger strike over ten years ago. “Last time I fasted for four days and it was very hard, but this time I have gone over it.” 

Idrovo, who has been fasting for seven days, lost his brother to Covid-19 last year. He also got very sick and ended up at the emergency room of Elmhurst Hospital in Queens, a mostly immigrant neighborhood that became New York’s pandemic’s epicenter

The Ecuadorian worker lost his job in a food packing plant last March when it was shut down because of the pandemic, and his second job as an event videographer was decimated by canceled celebrations. The landlord at Idrovo’s apartment evicted him and he moved to a house with some friends from his church. “I went from an apartment to a single room without ever expecting it and I ate up my savings,” said Idrovo. “I also miss my brother.” 

How Much Money Is Enough?

The heart of the controversy over how much money to allocate for excluded workers has to do with a tax raise on New York’s wealthiest residents. 

Some New York State Senate and Assembly members have proposed to set an excluded worker fund with a $2.1 billion budget, which would give eligible workers up to $3,300 per month. Even though the proposal is likely to pass in both houses, advocates say it’s not an amount that matches previous relief for other workers over the past year. 

To up the sum to $3.5 billion, it would be necessary to increase taxes for the wealthiest New Yorkers to a combined level of nearly 15%, making it the highest state-and-local tax rate in the nation. In January, Governor Andrew Cuomo proposed raising taxes on the wealthy to bridge the budget’s shortfall due to the pandemic. 

However, Cuomo has gradually shied away from his previous proposal, with his top budget advisor recently saying that a tax increase may not be necessary due to additional revenue and the federal stimulus package.

Democrats in the Legislature say boosting funding to aid those disproportionately affected by the pandemic requires a proposed $7 billion in new taxes, but powerful interests across businesses groups, the financial industry, and wealthy earners have resulted in significant pushback, arguing raising taxes amid the pandemic recession will lead to more firms and people leaving the state. 

Senate Majority Leader Andrea Stewart-Cousins said it’s important to prioritize parity in the upcoming budget, not preferences from the wealthiest residents. “We’re looking for a way to sustain the ability for us to pay for the things that New Yorkers need to really prosper,” said Stewart-Cousins. “We’re looking at equity and keeping the funding going.” 

On Wednesday March 24, several state officials and candidates expressed support for allocating $3.5 billion to an excluded worker fund, including NYC Council Member Brad Lander, NYC Comptroller and mayoral candidate Scott Stringer, and mayoral candidates Maya Wiley and Dianne Morales. 

“I’m fasting in solidarity with hunger-striking workers to support their call,” said Lander. “New York State must tax the billionaires and support excluded workers.” Stringer announced he would also fast for a day in support of the Funded Excluded Workers Coalition. 

Last week, several advocates, undocumented immigrants, and other essential workers marched to Amazon founder Jeff Bezos’s residence on 5th Avenue, accusing Bezos and other billionaires of directly profiting from their precarious position and cheap labor. 

“I Will Keep Going”

“We trust these people to help us raise our children, clean our houses, and take care of our elderly,” said State Senator Jessica Ramos at a previous press conference. “It’s not just that they deserve it, it’s that they’ve earned it.” 

Advocates say that taxing New York’s wealthiest residents to fund excluded works is not only acceptable, but necessary. “New York is a very wealthy state, it has the money, what’s it waiting for?” said former Governor candidate Cynthia Nixon. 

Make the Road NY organizer Angeles Solis says for over a year, immigrants were overrepresented as frontline workers while receiving no support. “They made sure so many people could survive the pandemic from the comfort of their homes over Zoom,” Solis said. “They have been serving everyone else, while they have been neglected from a system that they pay into.” 

Rubiela Correa, who has high blood pressure, is now protesting in a wheelchair. She has felt colder every day because of the fasting and her pressure has spiked over the week. Her face is pale and there are dark circles under her eyes. “I can’t sleep very well because I lay awake at night thinking about my debts, my family, my future,” she said. 

Like others, Correa’s energy levels have plummeted from ten days without food, but she says she’ll continue to fast. “I don’t want to cry because I’m so tired of crying,” said Correa, as she tried to hold back tears from wetting her face mask. “I will keep going.” 

Ana Ramírez is a worker from Mexico who has also been fasting for ten days and like Ruby, now has to be in a wheelchair. “It’s not enough to say good job to us anymore,” said Ramírez in a recent press conference. “I you want to see me die of hunger, you will.” 

As the deadline for the April budget fast approaches, excluded workers and supporters will continue to deprive themselves of food.

TW: @daniguerreroo

JGR