Ética médica en tiempos de crisis

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De acuerdo a la visión de bioética de van Rensselaer Potter “defender la supervivencia de la humanidad” ¿puede ser aplicable totalmente en estos momentos?, donde la población se ve amenazada por un agente real y letal (SARS CoV-2), pero ¿es ético hacer lo que sea necesario por salvarnos?, ¿es necesario deshumanizarnos para salvar a la humanidad que de alguna forma sobrevivirá?

La bioética no se circunscribe a su solo concepto de la “ética de la vida” etimológicamente hablando, y menos en estos tiempos donde se ha politizado tanto, principalmente en América, por lo que debemos buscar los sectores de la bioética (ej. Académico, de investigación y política) para modificaciones en estos tiempos de crisis para evitar recaídas, por modelos perfectibles, pero no perfectos.

De acuerdo a los modelos de asistencialismo sanitario de mayor peso en la actualidad como el modelo “biomédico” que implica que el actuar de los profesionales de salud se rige por lo que se conoce como “medicina basada en la evidencia” donde lo que no se puede medir ni cuantificar, no se puede realizar, si no es mediante experimentación o estudios. Pero este modelo ha quedado expuesto en la situación actual, debido a que no existe evidencia científica que demuestre que un tratamiento es tajantemente beneficioso, si no al contrario, en su mayoría los resultados estadísticos se mantienen en márgenes estrechos.

Con esto, no incito a devolver la espalda a la evidencia científica, si no a valorar el modelo de atención actual y de acuerdo con la posición bioética de paternalismo, configurar reestructuraciones de modelos centrados en el paciente y generalizarlos entre los profesionales de la salud. Con lo anterior, es necesario mencionar el “modelo biopsicosocial” propuesto por George Engel desde la década de los 70`s con un enfoque global, que hasta la fecha ha sido muy difícil llevar a la practica, por lo que puede ser el momento de incluir en esta crisis.

Los sistemas de salud en todo el mundo comparten la idea de salvaguardar la salud y la vida de sus habitantes, sin embargo, cada uno presenta particularidades de acuerdo a su contexto socio- económico y cultural, como lo es en Latinoamérica que con principios bioéticos de justicia y solidaridad resulta en modelos de salud paternalista, a diferencia de Estados Unidos basado en el principio de autonomía. Pero como hemos visto, estas características, si bien, han sido de utilidad para intentar establecer un sistema de salud universal, se ha extraído la responsabilidad a la gente sobre el cuidado de su salud para entregarla al gobierno.

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Es necesario valorar la evolución actual de la sociedad y darnos cuenta que debemos cambiar en conjunto con el mundo, de acuerdo a las influencias positivas de sectores académicos, económicos, religiosos, entre otros. Deben ser revisados para esta nueva realidad.

Otro problema suscitado recientemente es la recomendación por supuestos profesionales de la salud de productos creados con fines diferentes para el uso humano, como alternativas terapéuticas peligrosas para la gente, ya sea por desinformación, infodemia, intereses económicos o de algún otro tipo, con lo cual se puede ver perjudicada la salud, la esperanza y la vida de muchas personas.

Estamos obligados como médicos a saber la fuente y conocimientos relacionados a todo lo que prescribimos, pero es indolente recetar sustancias para el tratamiento del actual COVID-19 con efectos adversos demostrables, además de no tener ningún beneficio.

Por otro lado, los médicos en estas últimas fechas hemos criticado a la población general por la falta de empatía y responsabilidad social, pero cabe destacar que nosotros mismos escogimos la profesión, y si bien, sería de bastante utilidad que la gente hiciera caso a las recomendaciones del sector salud, debemos evitar caer en desgaste profesional principalmente en el ámbito emocional cuando la gente no actúa de forma correcta.

A manera de conclusión debemos evitar caer en conductas anti-éticas por un supuesto fin común, tanto en la practica médica como en la investigación y difusión, pienso que es el momento de quitar el 100% de la responsabilidad de la salud al gobierno y comenzar a intercambiar el compromiso con la población, modificar el sistema paternalista y añadir principios de autonomía y justicia con una bien pensada distribución de responsabilidades, y por último, llevar a cabo medidas que disminuyan el desgaste profesional, pero no responsabilizar a la población por el deterioro emocional que se pueda sufrir.