Estadounidenses “huyen” a México —un país devastado por la pandemia

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A medida que Estados Unidos rebasa los 20 millones de casos de Covid-19, muchas naciones continúan restringiendo el acceso a estadounidenses buscando escapar las restricciones de su país. A diferencia de otros destinos populares, México se ha convertido en un sitio cada vez más atractivo para turistas norteamericanos debido a sus flexibles protocolos de viaje aéreo. 

El 11 de diciembre, la embajada de EU emitió una alerta de salud que actualizó una restricción  de viaje Nivel 4 para México debido al Covid-19. Las recomendaciones para los estadounidenses que contemplaban viajar al país fronterizo eran cortas y directas: 1) los viajeros deben evitar todo viaje a México; 2) viajar puede aumentar sus posibilidades de obtener y difundir el Covid-19. 

Por último, un párrafo más elaborado describía la situación general en México: “Las autoridades sanitarias mexicanas han reiterado llamados para que las personas se queden en casa tanto como sea posible y salgan de ella sólo para trabajar y realizar actividades esenciales de acuerdo con el color asignado a cada estado en el sistema nacional de semáforos […] Las escuelas permanecen cerradas en casi todos los estados.”

A pesar de estas recomendaciones, turistas estadounidenses que se percataron de que no necesitaban mostrar una prueba de Covid-19 negativa o someterse a una cuarentena obligatoria si volaban a México no dudaron en disfrutar de un país con menos restricciones y grandes ofertas de vacaciones. A pesar de que la demanda de invierno se redujo casi 50% en comparación con 2019, empresas de búsqueda de viajes como Kayak informaron que tres de los destinos de vacaciones más buscados para Navidad y Año Nuevo en Estados Unidos se encontraban en México: Cancún, San José del Cabo y Puerto Vallarta. 

Aerolíneas buscando aumentar sus ingresos proporcionaron rutas baratas a México. A mediados de diciembre, American Airlines inició nuevos servicios a La Paz y Loreto, así como rutas estacionales a Cancún, Los Cabos y Puerto Vallarta. United Airlines añadió más vuelos a siete playas mexicanas este invierno. Debido a protocolos de control sanitario extremadamente deficientes e incluso inexistentes en aeropuertos norteamericanos, un individuo infectado — con o sin síntomas — pudo subirse sin problemas a un avión rumbo a México. 

Incluso antes de la temporada de vacaciones de invierno, el número de estadounidenses que entraron a México se duplicó entre junio y agosto del año pasado, y más de medio millón viajó a México en noviembre. La mayoría de los viajeros citaron haber sido atraídos por la posibilidad de encontrar “normalidad” en un país con restricciones más relajadas. Algunos incluso declararon sus intenciones de aprovechar el visado de turista de seis meses que se les concedió a su llegada. 

La percepción de que en México hay “menos Covid-19” se debe, al menos en parte, a una capacidad de pruebas sustancialmente menor y a la inexactitud de cifras de infecciones y muertes. Incluso una vez que el gobierno federal dispuso de cifras que debieron haber suscitado un cierre inmediato a principios de diciembre o, al menos, una campaña nacional para advertir a los ciudadanos del mayor riesgo de infección, las autoridades optaron por el silencio y la inacción

El presidente Trump llegó a elogiar y envidiar el enfoque relativista de México ante la pandemia en una discusión con su yerno y asesor Jared Kushner. “¡Me están matando! ¡Todo esto me está matando! Tenemos todos los malditos casos,” gritó Trump el 19 de agosto, furioso por el implacable enfoque hacia la pandemia en EU, “Quiero hacer lo que hace México. No te hacen una prueba hasta que llegas a la sala de emergencias y estás vomitando.” 

Es tentador retratar el flujo actual de norteamericanos a México como intrascendente e incluso positivo para una industria de turismo dependiente de viajeros extranjeros. La industria turística genera aproximadamente el 17% del producto interno bruto del país, y los golpes financieros provocados por la pandemia han obligado a la mayoría de los negocios formales e informales a reabrir sus puertas antes de que sea totalmente seguro hacerlo.  

El escrutinio se ha centrado en las autoridades federales, estatales y locales, así como en los propios negocios abiertos. Si bien es esencial abordar las decisiones tomadas por los actores mexicanos, es aún más relevante hablar sobre las decenas de miles de estadounidenses que, a pesar de múltiples advertencias de agencias federales de salud, optaron por priorizar su goce individual por encima de una crisis de salud insostenible que enfrenta el país vecino al que “huyen.”

Según reportajes del Washington Post y Los Angeles Times, los vínculos entre el aumento de infecciones por coronavirus en México y el flujo sin restricciones de estadounidenses tratando de “olvidarse” de la pandemia son innegables. Hasta este domingo pasado, México ha registrado más de 1.4 millones de casos de Covid-19 y 126,000 muertes, cifras elevadas que la mayoría de los expertos ha denominado una pequeña fracción de las infecciones y muertes actuales

En un momento en el que los derechos individuales y un sentido más amplio de responsabilidad hacia los demás se han convertido en polos opuestos, los estadounidenses que buscan vacaciones sin restricciones en México encarnan una insensibilidad predecible y desgarradora. Esto demuestra 

 — aunque la mayoría de los mexicanos no requieran tal prueba — que los estadounidenses siguen viendo a México como un eterno centro turístico donde las reglas son hechas por quienes pagan en dólares. 

Para estos estadounidenses, el reconocer que están viajando a un país en el que los hospitales están a tope y los casos de coronavirus aumentan rápidamente es demasiado inconveniente.  

Reconocer que el Covid-19 se extiende tan desenfrenadamente en su playa preferida como en su propio país es algo que estos viajeros no están dispuestos a hacer, ya que después de todo, es sólo México. No México el país en crisis con una de las tasas de mortalidad hospitalaria más altas del mundo, sino México el destino de “escape” por excelencia que turistas estadounidenses pueden  devastar aún más sin ninguna consecuencia. 

Para muchos norteamericanos, la racionalización detrás de viajar a un país afectado por el Covid-19 cuyos recursos y capacidades para mitigar más infecciones son insuficientes es simple y a la vez brutal: Los negocios mexicanos están recibiendo “mi” dinero, lo que me da derecho a hacer lo que “yo” quiera para olvidarme de una pandemia que “a mi” ya no me importa. 

A pesar de las notas sobre visitantes estadounidenses contribuyendo a los brotes de coronavirus en México al desobedecer las directrices de distanciamiento social y uso de máscaras, la necesidad económica de una industria turística en crisis ha dado poder a muchos norteamericanos hartos de seguir reglas y sacrificar su diversión. El Dr. Enrique Hernández, especialista en traumatología de Los Cabos, dijo a la Radio Pública Nacional Norteamericana lo frustrante que era “ver a turistas y locales por igual siendo irresponsables y no usando máscaras ahora.” 

Estos comportamientos descuidados no se limitan a los destinos tropicales. La Ciudad de México también ha visto un dramático influjo de turistas estadounidenses que buscan restricciones más blandas en una ciudad entrando en la fase más crítica de la pandemia. 

Xavier Tello, un analista de políticas de salud mexicanas habló de este flujo indeseado con el New York Times. “Lo que estamos creando es un círculo vicioso, donde estamos recibiendo más personas potencialmente infecciosas o infectadas de otros lugares para que sigan mezclándose con personas potencialmente infecciosas o infectadas aquí en la Ciudad de México.” 

Hoy, visiones despectivas y reduccionistas de un número alarmante de estadounidenses sobre México como un país hecho para tomar el sol, festejar y dejar de lado cualquier regla o preocupación son más palpables que nunca. 

Hoy, se espera que México “aproveche” un acogimiento temerario por parte de los ciudadanos del país con el mayor número de casos y muertes de Covid-19 en el mundo. Hoy, los estadounidenses deben dejar de tratar a México como una válvula de escape libre de consecuencias. No se puede “huir” a un país con su propia crisis grave de coronavirus.

Cientos de estadounidenses escapan a méxico, luego de que su país es el más afectado por la pandemia de covid-19 en el mundo. Te dejamos la colaboración de nuestra columnista daniela guerrero.

Americans flee to Mexico — a country ravaged by the pandemic

As the US surpasses 20 million Covid-19 cases, many nations continue to restrict access to Americans hoping to temporarily exit the country. Unlike other popular travel spots, Mexico has become an increasingly convenient destination for Americans because of its porous air travel protocols. 

On December 11, the US Embassy issued a health alert that updated its Level 4 Travel Health Notice for Mexico due to Covid-19. Recommendations for Americans contemplating travel to the bordering country were short and direct: 1) Travelers should avoid all travel to Mexico; 2) Travel may increase your chance of getting and spreading Covid-19. 

Lastly, a more elaborate paragraph described the general situation in Mexico: “Mexican health authorities have reiterated calls for people to stay home as much as possible and leave home only for work and essential activities according to the color assigned to each state under the national stoplight system […] Schools remained closed in nearly all states.”

Despite these recommendations, American tourists who realized they didn’t need to show proof of a negative Covid-19 test or undergo mandatory quarantine if they fly into Mexico didn’t hesitate to enjoy themselves in a country with fewer restrictions and great holiday deals. Even though winter demand for the country was down nearly 50 percent compared to 2019, travel search companies like Kayak reported three of the most-searched holiday destinations for Christmas and New Year’s Eve were in Mexico: Cancún, San José del Cabo, and Puerto Vallarta. 

Struggling airlines desperate to increase revenue pitched in as well, providing Americans with cheap routes to Mexico. In mid-December, American Airlines started new services to La Paz and Loreto, as well as adding seasonal routes to Cancún, Los Cabos, and Puerto Vallarta. United Airlines added more flights to seven Mexican beach destinations this winter. Amid reports of extremely deficient and even inexistent health screening protocols across US airports, it’s safe to say that a Covid-19 positive individual — with or without symptoms — can seamlessly hop on a plane to Mexico. 

Even before the holiday season, the number of Americans entering Mexico doubled between June and August of last year, and more than half a million US visitors were reported to have traveled to Mexico in November alone. Most travelers cited having been lured by the prospect of “normalcy” in a country with more relaxed restrictions than back home. Some even stated their intentions to take advantage of their six-month tourist visa granted upon arrival. 

The perception of “less Covid-19” in Mexico has been driven at least in part by a substantially minor testing capacity and inaccurate infection and death tolls. Even once the federal government possessed hard data that should have prompted an immediate lockdown in early December or at least a substantial national campaign to warn citizens of the heightened risk of infection, authorities opted for silence and inaction

President Trump went as far as to praise and envy Mexico’s relativizing approach to the pandemic in a reported discussion with his son-in-law and senior adviser Jared Kushner. “You’re killing me! This whole thing is! We’ve got all the damn cases,” yelled Trump on August 19, furious at the relentless focus on the raging pandemic in the US, “I want to do what Mexico does. They don’t give you a test till you get to the emergency room and you’re vomiting.” 

It’s tempting to portray the current flow of Americans traveling to Mexico as inconsequential or even positive for a Mexican hospitality industry reliant on foreign travelers. The tourism industry generates approximately 17 percent of the country’s gross domestic product, and the financial hits brought about by the pandemic have forced businesses to reopen before it’s entirely safe to do so.  

Scrutiny has been focused on federal, state, and local authorities, as well as the businesses themselves. While it’s essential to address the decisions made by Mexican actors, we also need to talk about the tens of thousands of Americans who, despite multiple warnings from federal health agencies, chose to prioritize their individual enjoyment over an unsustainable health crisis faced by the US’s southern neighbor. 

According to reports by the Washington Post and the Los Angeles Times, links between a surge in coronavirus infections in Mexico and an unrestricted flow of party-hungry Americans seeking to “forget” about the pandemic are undeniable. As of this past Sunday, Mexico has recorded more than 1.4 million Covid-19 cases and more than 126,000 deaths — high numbers that most experts believe to be only a small fraction of actual infections and deaths. 

In a time in which a person’s individual rights and a broader sense of responsibility to others have become clashing opposites, Americans seeking restrictions-free holidays in Mexico embody an unsurprising, yet heartbreaking callousness. It proves — not that most Mexicans required such proof — that Americans continue to view Mexico as an eternal beach resort where rules are made by dollar-paying tourists. 

Recognizing that they are traveling to a country in which hospitals are at capacity and coronavirus cases are surging rapidly is too great an inconvenience. 

Acknowledging that Covid-19 runs as rampant as it does in their home country is something these travelers aren’t willing to do — after all, it’s just Mexico. Not Mexico the country in deep crisis as it battles a raging pandemic and holds one of the highest hospital mortality rates in the world, but Mexico the ultimate “escape” destination for Americans to further devastate without any consequences. 

The rationalization for traveling to a country ravaged by Covid-19 and with substantially fewer resources to mitigate any more infections is as simple as it is brutal: Mexican businesses are receiving “my” money, which grants me the right to do whatever “I” want to do to forget about a pandemic that “I” no longer care about. 

Despite news reports of American visitors potentially contributing to the coronavirus outbreak in Mexico by flouting social distancing and mask-wearing guidelines, the economic need of a struggling hospitality industry has empowered many. Dr. Enrique Hernández, a trauma specialist in Los Cabos, told National Public Radio how frustrating it was “seeing tourists and locals alike being irresponsible and not wearing masks now.” 

These careless behaviors are not limited to tropical destinations. Mexico City has also seen a dramatic influx of American tourists seeking softer restrictions in a massive city entering the most critical phase of the pandemic. 

Xavier Tello, a Mexican health-policy analyst talked about this unwanted flow with the New York Times. “What we’re creating is a vicious cycle, where we’re receiving more people, who are potentially infectious or infected from elsewhere, and they keep mixing with people that are potentially infectious or infected here in Mexico City.” 

Today, the dismissive, reductive, and one-dimensional perceptions of Mexico as a country made to sunbathe, party, and let go of any rules or concerns by an alarming number of Americans are more palpable than ever. 

Today, Mexico is expected to “take advantage” of a reckless embrace by citizens of the country with the highest number of Covid-19 cases and deaths in the world. Today, Americans need to stop treating Mexico as an escape hatch free of consequences. There’s no “fleeing” to a country with its own severe coronavirus crisis.

TW: @daniguerreroo

JGR