Estados Unidos Ya no Ampara el Derecho a Pedir Asilo

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Martha Daniela Guerrero

En los últimos días, el gobierno de Biden anunció que expulsaría a más de 14 mil refugiados haitianos que se reunieron en un campamento improvisado en Del Río, Texas.

Utilizando una política de la era Trump para justificar las deportaciones masivas, y en medio del deterioro de los campamentos de migrantes a ambos lados de la frontera sur, el gobierno estadounidense ha repatriado al menos a 700 refugiados haitianos desde el 19 de septiembre, mientras que ha liberado a otros en el sur de Texas.  

A medida que los migrantes llegaron a Puerto Príncipe esta semana, muchos trataron de regresar con gran desesperación a los aviones en los que llegaron. Vídeos tomados en el aeropuerto Toussaint Louverture mostraban a personas luchando por sus pertenencias, volcadas en la pista de aterrizaje, y en los días pasados surgieron informes de que a algunos migrantes ni siquiera se les dijo que estaban siendo repatriados a Haití

Además de estas deportaciones y liberaciones arbitrarias, documentos del gobierno de Biden recientemente expusieron la búsqueda de un contratista privado para operar un centro de detención de migrantes en la base naval de Guantánamo, Cuba. Uno de los requisitos de este contrato es que algunos de los guardias hablen español y criollo haitiano. 

La llegada de miles de migrantes haitianos a la representa un reto para el gobierno de Joe Biden que ha decidido impulsar las deportaciones masivas.

Aunque el Departamento de Seguridad Nacional ha negado que el gobierno de Biden esté planeando trasladar a migrantes de la frontera sur a Guantánamo, a la luz de los casi 25,000 haitianos en América Latina que podrían migrar hacia el norte, así como los miles que aún están atascados entre la deportación y la liberación en Estados Unidos, activistas de inmigración han expresado su preocupación. 

“En lugar de recurrir a una respuesta policial basada en la disuasión, la administración debería cumplir con su obligación legal y ética de permitir a los haitianos solicitar asilo”, dijo Wendy Young, presidenta del grupo de defensa de los migrantes Kids in Need of Defense. “Las condiciones en Haití subrayan lo esencial que es hacerlo.”

Además de estas políticas públicas que apuntan a un sistema de asilo gravemente dañado, el tratamiento de hombres, mujeres y niños haitianos por parte de los agentes fronterizos de Texas, montados a caballo y con látigos en mano, constituyó un duro recordatorio sobre el hecho de que EU ya no protege el derecho a solicitar asilo. También ha dejado claro ser un país despreocupado por los derechos humanos de los migrantes, especialmente si se trata de personas de color. 

En una época en la que las migraciones masivas y las expulsiones en la frontera sur se enmarcan como fenómenos inexplicables, es especialmente importante entender la historia detrás de la crisis humanitaria haitiana.

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“El sistema educativo estadounidense ha sido increíblemente eficaz en producir adultos que no entienden el mundo más allá de nuestras fronteras,” tuiteó el Dr. Austin Kocher, investigador del sistema de control migratorio en la Universidad de Syracuse. “Adultos que, por lo tanto, ven a los migrantes como si surgieran de la nada, de ‘allá afuera’.” 

Hace cuatro meses, el Departamento de Seguridad Nacional le concedió a Haití el estatus de protección temporal. Esta designación se destina a migrantes que no pueden regresar a su país de origen por condiciones de extrema agitación política, guerra o desastres naturales. 

Hace sólo cinco semanas, se extendió el estatus de protección temporal para Haití.

Al menos medio millón de haitianos han abandonado el país en la última década, emigrando a países como Chile, México, Panamá, Brasil y Estados Unidos. Los terremotos de 2010 y 2021 son una de las principales causas, junto con la profundización de la crisis sociopolítica, el empobrecimiento masivo en medio de la pandemia y la ubicación estratégica de la isla para el tráfico de armas y drogas. 

En la actualidad, el gobierno de Biden está deportando a personas a un país que su propia administración ha calificado continuamente como inestable y peligroso.

Al ser entrevistado por ABC News, Jean Baptiste Wilvens dijo que había cruzado once países para llegar a Estados Unidos después de que él y su familia hubieran estado viviendo en Chile durante los últimos cuatro años. 

“Tengo miedo de volver porque ahora mismo no puedo vivir en mi país,” dijo Wilvens.

La llegada de miles de migrantes haitianos a la representa un reto para el gobierno de Joe Biden que ha decidido impulsar las deportaciones masivas.

Maxine Orélien, otra migrante haitiana, culpó al primer ministro de Haití de la situación cuando fue entrevistada por AP News. 

“¿Qué podemos hacer para mantener a nuestra familia?”, dijo. “No podemos hacer nada por nuestra familia aquí. No hay nada en este país.”

Mientras múltiples activistas y líderes de los derechos civiles expresan su indignación ante el gobierno federal, perturbadoras imágenes y vídeos de agentes de la Patrulla Fronteriza azotando violentamente a migrantes haitianos revelan la xenofobia y el racismo detrás del desmantelamiento de un sistema de asilo que se ha debilitado durante la última década. Especialmente para los migrantes que no son blancos. 

Las acciones de la administración Biden han borrado las esperanzas de un régimen fronterizo remotamente diferente al del ex presidente Trump. 

En tanto que el anterior presidente y sus asesores enmarcaron sus brutales políticas fronterizas en una retórica explícitamente racista y de supremacía blanca, Biden sigue recubriendo políticas profundamente antiinmigrantes en una retórica liberal hueca. Al igual que hicieron los ex presidentes Bill Clinton y Barack Obama en sus mandatos. 

“El sufrimiento de aquellos a los que se les niega la seguridad en este país, que bien podría proporcionarla, no es diferente si viene de un supuesto ‘amigo’ de los migrantes o de un nacionalista orgulloso,” escribió Natasha Lennard en una columna para The Intercept. 

Bajo el mandato de Trump, casi medio millón de personas fueron deportadas bajo el Título 42, que permite las deportaciones aceleradas durante la pandemia. El gobierno de Biden ya lo ha utilizado para deportar a casi 700,000 migrantes y solicitantes de asilo.

Un juez federal dictaminó recientemente que el gobierno debe dejar de utilizar el Título 42 como motivo para expulsar migrantes. Sin embargo, la administración de Biden está tan decidida a preservar la ley de salud pública para frenar a los solicitantes de asilo que ya apeló la orden. 

Si no se anula, este fallo otorga al gobierno dos semanas antes de que deba poner fin al uso de la ley para las expulsiones. Esto explica por qué Estados Unidos ahora se apresura a expulsar a todos los refugiados haitianos posibles. 

Por último, considerando que en el asesinato del presidente Jovenel Moïse este verano participaron mercenarios colombianos entrenados por fuerzas norteamericanas, EU una vez más se desentiende de su papel en la desestabilización de Haití.  

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“Es otra de las grandes e ininterrumpidas tradiciones estadounidenses: desestabilizar naciones extranjeras y luego renunciar a toda obligación ante las migraciones masivas que Estados Unidos ayudó a producir,” escribió Lennard.

Mientras se decide el destino de miles de refugiados haitianos, hoy queda claro que las políticas controversiales en nombre de la disuasión y la seguridad son algo en lo que demócratas y republicanos están de acuerdo. 

Miles de refugiados haitianos están pagando ahora el precio de esta inusual coincidencia bipartidista.

The US No Longer Upholds the Right to Seek Asylum

Martha Daniela Guerrero

Over the last few days, the Biden administration announced that it would expel 

over 14,000 Haitian refugees who gathered at a makeshift encampment in Del Rio, Texas.

Using a Trump-era policy to justify mass deportations, and amid deteriorating conditions in migrant camps on both sides of the Southern border, the American government has sent back at least 700 Haitian refugees since September 19, while releasing others in south Texas.  

As migrants arrived in Port-au-Prince this week, many were reported to desperately rush back towards the planes they arrived on. Videos taken at the Toussaint Louverture airport showed people scrambling for their belongings, dumped on the runway, and reports that several migrants weren’t even notified that they were being returned to Haiti have surfaced over the past few days. 

In addition to these arbitrary deportations and releases, government records have recently shown that the Biden administration has been seeking a private contractor to operate a migrant detention facility at the US naval base at Guantánamo Bay, Cuba. One of the contract’s requirements is that some of the guards speak Spanish and Haitian Creole.

While the Department of Homeland Security has denied that the Biden administration is planning to transfer migrants from the southern border to Guantánamo, in light of the nearly 25,000 Haitians across Latin America expected to potentially migrate north, as well as the thousands still stuck between deportation and release in the US, immigration advocates have expressed concern. 

La llegada de miles de migrantes haitianos a la representa un reto para el gobierno de Joe Biden que ha decidido impulsar las deportaciones masivas.

“Instead of defaulting to a law enforcement response grounded in deterrence, the administration should instead live up to our legal and ethical obligation to allow Haitians to apply for asylum,” said Wendy Young, president of the immigrant advocacy group Kids in Need of Defense. “Conditions in Haiti underscore how essential that is.”

In addition to these policies and structures pointing to a severely compromised asylum system, the treatment of Haitian men, women, and children by Texan border agents, riding on horseback with whips in hand, served as a stark reminder that the US no longer upholds the right to seek asylum. It’s also not a country concerned with migrants’ human rights anymore, especially if these migrants are people of color. 

In an era where mass migrations and expulsions at the Southern border are framed as inexplicable events taking place in a vacuum, it’s especially important to understand the larger history behind the Haitian humanitarian crisis.

“The American education system has been incredibly effective at producing adults who don’t understand the world beyond our borders,” tweeted Dr. Austin Kocher, a researcher of immigration enforcement at Syracuse University. “Adults who therefore view migrants as emerging from an epistemological void of ‘out there somewhere.’” 

Four months ago, the Department of Homeland Security granted Haiti temporary protected status. This designation is intended for migrants temporarily unable to safely return to their home country because of conditions of extreme political upheaval, conflict, or natural disasters. 

Only five weeks ago, temporary protected status was extended and expanded for Haitians.

At least half a million Haitians have left the country in the last decade, migrating to countries such as Chile, Mexico, Panama, Brazil, and the US. The 2010 and 2021 earthquakes are considered among the main causes, along with a deepening socio-political crisis, widespread impoverishment amid the pandemic, and the island’s strategic location for arms and drug trafficking. 

Today, the Biden administration is sending people back to a country that his own administration has continually determined unstable and unsafe. 

When being interviewed by ABC News, Jean Baptiste Wilvens said he had crossed eleven countries to get to the US after he and his family had been living in Chile over the past four years. 

“I’m scared to go back there because right now I cannot live in my country,” said Wilvens. 

Maxine Orélien, another Haitian migrant, blamed Haiti’s prime minister for the situation when interviewed by AP News. 

“What can we provide for our family?” he said. “We can’t do anything for our family here. There is nothing in this country.”

Migrantes detenidos

As multiple activists and civil rights leaders express outrage over the federal government’s management of the humanitarian crisis, disturbing images and videos of US Border Patrol agents violently grabbing and whipping Haitian migrants revealed the utter xenophobia and racism fueling the ultimate dismantlement of an asylum system that has been weakening over the past decade. Particularly for non-white migrants. 

The Biden administration’s actions have erased hopes of a border regime remotely different from former president Trump’s. 

While the former president and his advisors framed their brutal border policies in explicit racist rhetoric and white supremacist fearmongering, Biden keeps cloaking highly anti-immigrant policies in empty liberal rhetoric. Much like former presidents Bill Clinton and Barack Obama did back in their tenures. 

“The suffering of those denied safety in this country — which could well provide it — is no different, whether enforced by an alleged ‘friend’ to immigrants or an explicit white nationalist,” wrote Natasha Lennard in a column for The Intercept. 

Under Trump, nearly half a million people were deported under Title 42, which enables expedited deportations during the Covid-19 pandemic. The Biden administration has already used it to deport nearly 700,000 migrants and asylum seekers already.

A federal judge recently ruled that the government must stop using Title 42 as grounds to expel migrants. However, the Biden administration is so determined to preserve the public health law to curb asylum seekers that it has already appealed the order. 

If not overturned, this ruling gave the government two weeks before it must end the use of the law for expulsions — which might explain why the US keeps rushing to expel as many Haitian refugees as it can. 

Lastly, considering that the assassination of President Jovenel Moïse this summer involved US-trained Colombian mercenaries, the US has once more omitted its role in Haiti’s overall destabilization.  

“It is another great, unbroken American tradition: to destabilize foreign nations and then forego all obligations to the mass migrations that the US helped produce,” wrote Lennard.

As the fates of thousands of Haitian refugees are decided, today it’s become clear that controversial policies in the name of deterrence and security are something Democrats and Republicans continue to agree on. 

Thousands of Haitian refugees are now paying the price for this rare bipartisan common ground.

TW: @daniguerreroo

JGR