Elección presidencial 2020: La moneda está en el aire

Elección presidencial 2020: La moneda está en el aire

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Daniela Guerrero

La carrera presidencial de 2020 se determinará por votantes en estados indecisos, puesto que tanto Donald Trump como Joe Biden requieren coaliciones amplias para ganar los 270 votos electorales que aseguran la Casa Blanca.

Expertos, líderes políticos, y ciudadanos buscan maneras de predecir al ganador de una elección sin precedente. Sin embargo, de la misma forma que el año 2020 ha sido inimaginable, esta elección promete incertidumbre en varias dimensiones.

Esta jornada electoral se desarrollará en medio de la pandemia de COVID-19, una recesión, déficit presupuestario, y protestas sociales en múltiples ciudades. En una reciente columna para el Washington Post, el analista electoral y columnista político David Byler delineó porque el paisaje estadounidense actual es particularmente volátil.

Primero, resulta imposible saber exactamente cómo reaccionarán los votantes ante la pandemia, la cuál ha cobrado un precio psicológico importante. Aproximadamente 65% de todos los norteamericanos aún están preocupados de contraer y/o contagiar a sus familias. “El virus es omnipresente: tiñe cada conversación y domina la vida diaria,” escribe Byler.

Segundo, COVID-19 ha debilitado a la economía, un fenómeno que suele perjudicar electoralmente al presidente en funciones. Byler nos recuerda que “muchos negocios en todo el país están operando a capacidad parcial, y es posible que industrias enteras nunca se recuperen.” La pandemia ha causado un daño duradero e incalculable en la economía norteamericana, aumentando la tasa de desempleo hasta 10 puntos.

Además de una pandemia que afecta a millones económica, física y emocionalmente, los estadounidenses experimentan un período histórico de tensión social. Tras la muerte de George Floyd en manos de policías en Minneapolis, las manifestaciones nacionales contra el racismo y la brutalidad policial, así como las contra protestas asociadas, inundaron el país. Según una encuesta de Gallup realizada en julio, cerca de dos tercios de estadounidenses apoyaron las protestas de este verano.

En los últimos seis años, muchos votantes blancos, especialmente Demócratas, se han desplazado hacia la izquierda en cuestiones raciales al ver las imágenes y leer los informes de asesinatos policiales. De acuerdo con el análisis de Byler, esta nueva comprensión de la brutalidad policial y racismo sistémico, así como el rechazo a la violencia en algunas ciudades, “está reformando las políticas de identidad, y nadie sabe qué tendencias perdurarán.”

Por último, y quizás de manera más relevante, es posible que la participación de los votantes se complique al cambiar la urna por el buzón. Es imposible predecir cuántos norteamericanos votarán por correo, pero un histórico 83 por ciento tendrá la oportunidad de hacerlo. Estos cambios podrían transformar la elección de un solo día en un festival de meses de debates, votaciones, conteos, e incluso desafíos judiciales.

Más allá de estos retos nacionales, es importante recordar que la elección presidencial en Estados Unidos no se determinará por el voto popular de un país dividido, sino por los votos electorales de algunos estados cuyas tendencias partidarias han cambiado durante los últimos años.

El presidente Trump necesitará ganar algunos de los estados que actualmente parecen inclinarse por Biden para alcanzar los 270 votos electorales. Sin embargo, puede permitirse perder algunos de los estados que ganó en 2016 y todavía asegurar un segundo mandato.

Durante años, las contiendas presidenciales han cambiado drásticamente después del Día del Trabajo. Pronósticos que parecen infalibles en agosto se vuelven obsoletos para octubre. Además, si 2016 nos enseñó algo, es que los modelos de predicción no son herramientas infalibles.

A pesar de que estados como Nueva York, California y Texas reciben mayor atención mediática sobre sus debates políticos, lo cierto es que candidatos tanto Demócratas como Republicanos no buscan “voltear” estados cuyas afiliaciones partidarias no cambian de manera significativa ciclo tras ciclo. En cambio, los swing states fungen como la ventaja política real en un sistema que se rige por coaliciones de votos electorales.

¿Cómo se ven hoy estos swing states norteamericanos? De acuerdo con el sitio web de análisis político FiveThiryEight, tendencias interesantes han emergido durante los últimos años en los estados que posiblemente definan esta elección.

Iowa (6 votos) y Ohio (18 votos) pasaron de ser estados extremadamente competitivos a victorias abrumadoras para el presidente Trump en 2016, por lo que existen dudas sobre su voto en 2020. Iowa es un estado rural de tendencia conservadora donde los Republicanos se han hecho más dominantes durante los últimos años al consolidar el apoyo de votantes blancos de la clase trabajadora. En Ohio, los Demócratas necesitarían una gran participación de votantes afroamericanos en centros urbanos para tener una oportunidad.

Maine (4 votos) y Michigan (16 votos), que no habían sido tan competitivos en 2008 y 2012, se movieron a la derecha en 2016. A pesar de que Trump no ganó Maine, obtuvo uno de sus cuatro votos electorales. En 2016, Trump ganó por poco en Michigan, un estado históricamente Demócrata con grandes comunidades de suburbios blancos, miembros de sindicatos y votantes afroamericanos. La última elección presidencial marcó un cambio significativo en la forma en que estos estados habían votado en los últimos años, cada uno inclinándose 7 puntos o más hacia la derecha y representando los mayores cambios en esa elección.

Una explicación de por qué estos cuatro estados se movieron tan repentinamente hacia la derecha es que cada uno tiene una proporción de al menos 55 por ciento de votantes blancos sin educación superior, un bloque que se movilizó hacia el partido Republicano en 2016. Además, Iowa y Maine se encuentran entre los estados más rurales del país, otro predictor de afiliación Republicana. El pronóstico de FiveThirtyEight es que estos estados se desplazarán ligeramente a la izquierda en 2020, pero hay mucha incertidumbre sobre qué tanto.

Nevada (6 votos) y Pensilvania (20 votos) no se inclinaron tanto a la derecha por tener al menos una gran área metropolitana que vota fuertemente Demócrata. Mientras Hillary Clinton aseguró Nevada con un margen minúsculo, Trump hizo lo propio en Pensilvania, un estado con dos enormes urbes Demócratas, grandes franjas de suburbios Republicanos y un centro rural profundamente conservador.

En Wisconsin (10 votos), el apoyo de Trump en zonas rurales superó la ventaja Demócrata en ciudades liberales como Milwaukee y Madison. Con ciudades liberales, suburbios centristas y comunidades rurales, Minnesota (10 votos) se ha movido rápidamente hacia la derecha en los últimos años. A pesar de que Hillary Clinton ganó New Hampshire (4 votos) y Minnesota, el margen entre la candidata Demócrata y Trump fue mínimo, por lo que estos cuatro estados pertenecen a la lista de indecisos en 2020.

El pronóstico de FiveThirtyEight prevé que estados como Pensilvania, Nevada, Wisconsin y New Hampshire podrían repuntar ligeramente hacia la izquierda en 2020, mientras que Minnesota podría continuar desplazándose hacia la derecha.

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A pesar de que Trump ganó estos tres estados en 2016, Arizona (11 votos), Georgia (16 votos) y Texas (38 votos) se movilizaron al menos 4 puntos a la izquierda, y es posible que se muevan aún más en 2020. Las elecciones intermedias de 2018 mostraron que estos estados pueden elegir candidatos Demócratas a gran escala. Los Demócratas ganaron un asiento en el Senado por Arizona, a pesar de que esto no sucedía desde 1988. Por otro lado, los Republicanos ganaron con un margen estrecho la carrera por el Senado por Texas y la contienda por la gubernatura de Georgia.

¿Qué puede explicar estos cambios a la izquierda en estados tradicionalmente Republicanos? De acuerdo con FiveThirtyEight, la diversidad racial y étnica en estos territorios ha jugado un rol importante. Arizona y Texas cuentan con grandes poblaciones hispanas, mientras que Georgia tiene un electorado afroamericano sustancial. Estos estados altamente urbanos también han visto cómo sus principales áreas metropolitanas — Atlanta, Dallas, Houston y Phoenix — se han vuelto cada vez más Demócratas debido al aumento de votantes con educación universitaria.

Finalmente, Florida (29 votos) y Carolina del Norte (15 votos) son estados cada vez más racialmente diversos que mantienen su inclinación Republicana. Carolina del Norte está dividida entre ciudades con grandes comunidades de profesionales, votantes afroamericanos y estudiantes universitarios, y zonas rurales de votantes blancos conservadores. Carolina del Norte también es un estado indeciso, aunque tiene una inclinación republicana bastante consistente. Debido a su diversidad y tendencias conservadoras, Florida es un estado difícil de categorizar políticamente que suele cerrarse en elecciones presidenciales. Un gran porcentaje del voto latino de Florida es cubanoamericano, un bloque Republicano importante.

Hoy, el modelo de pronóstico de FiveThirtyEight espera que estos estados, en los que Trump ganó por un estrecho margen en 2016, voten aproximadamente igual, lo que los hará extremadamente competitivos de nuevo.

2020 se convertirá en el año cumbre para comprender las tendencias subyacentes dentro del Colegio Electoral. ¿Estados como Iowa y Ohio se moverán más a la derecha? ¿Georgia y Texas se moverán realmente más a la izquierda? ¿Estamos a punto de ser testigos de cambios inesperados o retrocesos históricos?

Con Trump en la boleta este noviembre, muchas de las fuerzas que se movilizaron en 2016 probablemente volverán a aparecer en 2020. Es posible que estas mismas fuerzas y sus reacciones definan el futuro de los partidos. Sin duda, esta elección nos dirá mucho sobre el panorama electoral a partir de 2020.

TW: @daniguerreroo

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