Los Dreamers merecen seguridad y respeto

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El viernes pasado, el juez federal Nicholas G. Garaufis del Tribunal de Distrito de Brooklyn ordenó a la administración de Trump restaurar completamente el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Hoy, más de 800,000 Dreamers recuperan la esperanza.

Los términos más comunes para hablar de los Dreamers han demostrado ser no sólo extremadamente engañosos sino también inequívocamente racistas y xenófobos. Desde los primeros días de la presidencia de Trump, etiquetas como “amnistía ilegal”, “jóvenes no autorizados,” “extranjeros que exigen protecciones inconstitucionales” y “actos discrecionales de misericordia,” flotaban en los debates sobre DACA. 

Los esfuerzos de Trump para desmantelar el programa se desconectaron cada vez más de los cientos de miles de individuos cuyas vidas eran trágicamente amenazadas por un descarado espectáculo político. 

Un tribunal de distrito de brooklyn ordenó a la administración de trump restaurar completamente el programa daca, con lo que 800 mil dreamers recuperan la esperanza.

Hoy, el juez Garaufis reconoció la validez de un programa diseñado para incorporar — el término “legalizar” asume criminalidad por parte de niños que llegaron a Estados Unidos con sus padres — a un segmento crucial de personas cuyo único hogar real han sido este país.

Garaufis no sólo restauró DACA, sino que también decretó la reanudación de nuevas solicitudes de migrantes elegibles al programa. Su decisión revocó un memorándum emitido este verano por Chad Wolf que restringía nuevas inscripciones. Garaufis determinó que el memorándum de Wolf en julio para restringir acceso a DACA era nulo porque el funcionario no era el secretario interino de Seguridad Nacional al momento de redactarlo. 

Los abogados que presionaron para la reanudación de DACA han estimado que hasta 300,000 nuevos solicitantes podrían ser elegibles ahora. A menos que esta orden sea obstruida en un tribunal superior, los Dreamers hoy mantienen la esperanza de que el agonizante asedio legal y político pueda terminar, y que finalmente puedan vivir libres del constante temor a ser deportados. 

El presidente electo Joe Biden también ha prometido la reanudación de DACA después de asumir la presidencia el 20 de enero — una promesa que finalmente le otorga al programa esperanzas de estabilidad. Bajo el mandato de Biden, los Soñadores también podrían ser elegibles para préstamos estudiantiles federales, becas Pell, y una iniciativa futura para hacer la formación en centros de estudios terciarios gratuita. 

Cuando periodistas le preguntaron sobre su opinión de DACA, Biden habló de los Soñadores como los norteamericanos que son. Sus palabras son dignas de recordar: “¿Te imaginas tener 9 años y que mamá te lleve al otro lado de la frontera, y tú digas, ‘no, mamá, déjame aquí, me voy a quedar […] ¿De qué estamos hablando? ¿Vamos a enviar a estos niños a lugares en los que no han vivido, cuando muchos de ellos ya no hablan el idioma? Es absurdo.” 

Durante el mandato del presidente Trump, los inscritos a DACA sabían que una sola orden judicial o memorándum federal podían destruir sin sentido sus vidas por ninguna otra razón que para proyectar una postura migratoria “dura.”

Con el tiempo, se volvió inquietantemente fácil abstraer las implicaciones de destruir DACA y los efectos que esto tendría en las vidas de casi un millón de personas. El programa se convirtió en una cuestión técnica a resolver, así como en un instrumento retórico nativista. 

Demasiados representantes republicanos y expertos conservadores ayudaron a esparcir mitos de oportunidades de empleo y educación “robadas” a los “verdaderos” estadounidenses. Transformaron a DACA en una aberración constitucional y una caprichosa subvención. Las contribuciones de una población diversa y productiva que cumplía con estrechos requisitos para permanecer en el único hogar que la mayoría ha conocido, simplemente fueron ignoradas o negadas. 

Hoy, celebro con los beneficiarios de DACA y los solicitantes elegibles que hoy pueden exhalar ante una mayor promesa de seguridad. Pero también comparto su indignación y su desasosiego durante estos últimos cuatro años de incertidumbre, maltrato y una inaceptable criminalización de sus identidades. Comparto el escepticismo y el temor de que DACA no sobreviva a pesar de las promesas de Biden y el último fallo de Garaufis ante una mayoría del Senado indeterminada.  

Hoy tenemos la oportunidad de honrar y mantener el valor real de DACA. Tenemos la responsabilidad de reconocer y defender las diversas contribuciones y experiencias de los Soñadores. 

No tratar a quienes crecieron, fueron a la escuela y trabajaron duro en Estados Unidos como estadounidenses dignos de respeto y protección nunca será aceptable — sin importar cuán “suave” sea la postura migratoria que sus vidas puedan representar para algunos norteamericanos. 

Un tribunal de distrito de brooklyn ordenó a la administración de trump restaurar completamente el programa daca, con lo que 800 mil dreamers recuperan la esperanza.

Dreamers are more than an immigration stance

Last Friday, federal judge Nicholas G. Garaufis of the District Court in Brooklyn ordered the Trump administration to fully restore the Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) program. Today, more than 800,000 Dreamers are hopeful again. 

The most common terms to talk about Dreamers have proved to be not only extremely misleading but also unambiguously racist and xenophobic. Since the early days of the Trump presidency, terms like “illegal amnesty,” “unauthorized youths,” “aliens demanding unconstitutional protections,” and “discretional acts of mercy,” floated around in debates about DACA. 

Trump’s efforts to phase out and ultimately dismantle the program became increasingly disconnected from almost a million individuals whose lives would be tragically upended by a blatant political spectacle. 

Today, Judge Garaufis acknowledged the validity of a program designed to incorporate — the word “legalize” has always presumed criminality from children who migrated to the US with their parents — a crucial segment of people whose only real home has been this country. 

Not only did Garaufis restore DACA but directed the Trump administration to allow newly eligible immigrants to file applications to the program. His ruling reversed a memorandum issued this summer by Chad Wolf that restricted enrollment. Garaufis determined that Wolf’s memo to constrain DACA in July was void because he wasn’t lawfully serving as Acting Secretary of Homeland Security at the time. 

The lawyers who pushed for DACA’s restitution have estimated that as many as 300,000 new applicants could now be eligible. Barring a blockage from a higher court, Dreamers are finally optimistic that the legal and political harm inflicted upon them can end, and that they can finally live free of constant fear of deportation. 

President-elect Joe Biden has also pledged the full reinstatement of DACA after he takes office on January 20 and a potential path to citizenship — promises that would finally give Dreamers a real sense of permanence. Under a Biden administration, they could also be newly eligible for federal student loans, Pell Grants, and a new initiative to make two years of community college tuition-free. 

When asked about his personal experience with DACA, Biden spoke of Dreamers as Americans. His words are worth remembering: “Can you imagine you’re 9 years old and Mom is going to take you across the line, and you go, ‘no, Mom, leave me here. Leave me, I’m going to stay […] What are we talking about? Are we going to send these children back to places they don’t have any idea about, many of them don’t speak the language anymore? It’s bizarre.” 

During the Trump era, those enrolled in DACA knew that a single court order or presidential memorandum could senselessly destroy their lives for no other reason than to project a “tough” stance on immigration. 

Un tribunal de distrito de brooklyn ordenó a la administración de trump restaurar completamente el programa daca, con lo que 800 mil dreamers recuperan la esperanza.

Over time, it became disturbingly easy to abstract DACA’s obliteration and the consequences for nearly a million people. The program was turned into a technical issue to be resolved and a piece of nativist rhetoric to be thrown around in partisan debates. 

Too many representatives, pundits, and journalists, disseminated myths of robbed employment and education opportunities to “real” Americans. The GOP misrepresented DACA as a constitutional aberration and an undeserved handout. The individual contributions and struggles of a diverse and productive population that fulfilled narrow requirements to stay in the only home most have ever known were ignored or contested. 

Today, I celebrate with DACA beneficiaries and eligible applicants who can exhale as they are promised greater security. But I also share their outrage and heartbreak during these past four years of uncertainty, mistreatment, and an unacceptable criminalization of their identities. I share their skepticism and fear over DACA’s survival despite Biden’s pledges and Garaufis’s latest ruling, as the Senate majority remains undecided.

Today, we have a chance to uphold the real value of DACA. We have a collective responsibility to acknowledge and defend the distinct contributions and experiences of Dreamers. 

Referring to and treating people who grew up, went to school, and worked hard in the US as anything less than Americans worthy of respect and protection will never be acceptable — no matter how “soft” a stance on immigration their lives may represent to some. 

TW: @daniguerreroo

JGR