El diagnóstico de Donald Trump: una montaña rusa de información

El diagnóstico de Donald Trump: una montaña rusa de información

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En un período de 24 horas entre el jueves 2 y viernes 3 de octubre, el mundo se enteró del contagio del presidente Donald Trump de COVID-19.

La información llegó en fragmentos. Primero, el presidente tuvo una exposición de alto riesgo. Después, dio positivo en la prueba de coronavirus. Siguieron reportes sobre síntomas leves; un tratamiento experimental de anticuerpos; y finalmente, un traslado de la Casa Blanca al Centro Médico Militar Nacional Walter Reed.

Tras dar a conocer su diagnóstico en Twitter en las primeras horas del viernes, Trump no utilizó la red social durante varias horas. La tarde del viernes 2 de octubre, al salir de la Casa Blanca para abordar el Marine One rumbo al hospital, el mandatario saludó a la prensa desde lejos, subiendo las escaleras del helicóptero sin ayuda, pero usando ambos pasamanos.

¿Qué medicamentos está tomando Trump para tratarse el Covid-19?

Aún no hay claridad sobre el grado de urgencia y necesidad detrás de la decisión de hospitalizar a Trump, y el orden de los acontecimientos sigue cambiando.

La Casa Blanca indicó que Trump trabajaría desde las oficinas presidenciales en Walter Reed por “un exceso de precaución.” Sin embargo, el sábado 3 de octubre sus doctores confirmaron su estado como paciente admitido en una conferencia de prensa.

El médico del presidente, Sean Conley, sugirió que Trump llevaba más tiempo enfermo del inicialmente reportado. Otro médico, Brian Garibaldi, dijo que el presidente había recibido el cóctel experimental de anticuerpos el jueves 1 de octubre por la tarde, antes de que el público estadounidense fuera informado de su diagnóstico.

Poco después de la conferencia de prensa del equipo médico, la Casa Blanca declaró que ambos doctores se habían equivocado, y Conley emitió un comunicado aclarando que el presidente fue diagnosticado la noche del jueves y recibió el cóctel hasta el viernes.

Sin embargo, las declaraciones del equipo médico y las correcciones impulsadas por la Casa Blanca alimentaron sospechas sobre el periodo de contagio, especialmente porque el presidente asistió a una recaudación de fondos en New Jersey el jueves 1 de octubre, tras el resultado positivo de COVID-19 de su asesora Hope Hicks, quien viajó en el Air Force One un día antes.

Conley dijo que Trump estaba “muy bien” y con “un ánimo excepcionalmente bueno” tras su primera noche en el hospital, pero agregó que había tenido síntomas desde el jueves, incluyendo fiebre y tos. El médico a cargo del presidente se negó a comentar cuándo se había infectado, o cuándo había salido negativo en una prueba por última vez.

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En tres intercambios distintos con periodistas, Conley esquivó la pregunta de si Trump había necesitado oxígeno suplementario desde su hospitalización — un signo de las primeras etapas de insuficiencia respiratoria — enfatizando en que no necesita oxígeno “por el momento.”

Hubo inconsistencias importantes, así como vacíos de información sobre el periodo de contagio, la gravedad de síntomas y el progreso clínico del presidente.

Contradiciendo el escenario prometedor descrito por los médicos del presidente la mañana del sábado, Mark Meadows, jefe de personal de la Casa Blanca, dijo que los signos vitales del presidente Trump habían sido “muy preocupantes” durante el viernes 3 de octubre y aún no se encontraba fuera de peligro. “Las próximas 48 horas serán críticas en términos de su cuidado,” dijo Meadows al inicio del fin de semana.

El corresponsal de CNN en la Casa Blanca, Jim Acosta, informó que una fuente describió a Trump como “muy molesto” con el manejo de la información por Meadows, quien ahora es visto como el oficial que rebatió explícitamente a Conley. Más tarde, el jefe de personal de la Casa Blanca llamó a Fox News y aseguró que Trump había mostrado “una increíble mejoría.”

Con pocas pruebas objetivas disponibles, la prensa norteamericana busca armar un rompecabezas confuso que alimenta el sentido de incertidumbre en Estados Unidos, a tan solo 29 días de la elección federal, y en medio de una pandemia. Por lo menos 7.3 millones de estadounidenses se han infectado de COVID-19 y más de 209,000 han muerto.

Hoy, no se sabe a ciencia cierta cuándo se infectó el presidente Trump, pero su caso es parte de un brote en Washington, DC. Al menos quince personas con las que el presidente tuvo contacto en los últimos días han dado positivo en la prueba de COVID-19.

Seis de ellas, incluyendo a la primera dama Melania Trump, se sentaron en las primeras filas de una ceremonia de nominación a la Suprema Corte para la jueza Amy Coney Barrett, a la que asistieron por lo menos 150 personas que no utilizaron cubrebocas ni mantuvieron distancia.

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Judge Amy Coney Barrett speaks after President Donald Trump announced Barrett as his nominee to the Supreme Court, in the Rose Garden at the White House, Saturday, Sept. 26, 2020, in Washington. (AP Photo/Alex Brandon)

Expertos dicen que el momento más arriesgado de ese día fue una recepción en el interior de la Casa Blanca, donde Trump se reunió con un grupo más pequeño de invitados.

La enfermedad ocasionada por COVID-19 es conocida por empeorar repentinamente, en cuestión de pocas horas. El monitoreo en un hospital es una estrategia recomendable, especialmente para un paciente de alto riesgo como Trump.

Sin embargo, ante el hermetismo alrededor de su estado de salud, no sería sorprendente enterarnos de que el presidente requiere tratamientos más agresivos. Tampoco sería sorprendente saber que está mejorando sustancialmente y que volverá a la Casa Blanca para incorporarse a la campaña electoral.

Trump no es ningún extraño a los extremos, y en una era de información continua que incluye opiniones, especulaciones, insultos, teorías de conspiración, peleas, y contenido viral, el mandatario se ha vuelto una figura aún más sensacional.

Grupos de partidarios de Trump se reunieron afuera del hospital militar, agitando banderas y carteles de reelección de Trump-Pence, al son de la canción “Dios Bendiga a los Estados Unidos.” La tarde del domingo 4 de octubre, el mandatario saludó a sus seguidores desde el asiento trasero de un todoterreno, portando una mascarilla.

En un esfuerzo por atenuar la controversia generada por Meadows, la tarde del sábado 3 de octubre Trump compartió un video en Twitter en el que agradeció al personal médico de Walter Reed y aseguró sentirse mejor gracias a los tratamientos que ha estado recibiendo.

En un memorándum emitido el sábado por la noche, Conley dijo que “aunque aún no está fuera de peligro, el equipo permanece cautelosamente optimista.” Además, la Casa Blanca publicó dos fotos de Trump trabajando desde Walter Reed, sugiriendo una recuperación rápida.

En la primera foto, Trump está vestido de traje, sentado en una mesa redonda, firmando un documento. En la otra, está vestido con una camisa blanca, sentado al final de una larga mesa dentro de una sala de conferencias, mirando carpetas de documentos.

Las imágenes publicadas fueron recibidas con altos niveles de escrutinio. El periodista Jon Ostrower declaró que las fotos fueron montadas, informando que los datos incrustados en los archivos de las imágenes mostraban que fueron tomadas con sólo 10 minutos de diferencia.

En la conferencia de prensa del domingo 4 de octubre, Conley fue presionado sobre el contraste entre su descripción de la salud del presidente y los comentarios del jefe de personal de la Casa Blanca, Mark Meadows, quien expresó preocupación por la salud del presidente el viernes por la mañana cuando experimentó una fiebre alta y caída en sus niveles de oxigenación.

Conley respondió que tan sólo intentaba reflejar la actitud optimista del equipo sobre el curso de la enfermedad de presidente.

“No quería dar ninguna información que pudiera dirigir el curso de la enfermedad en otra dirección,” dijo Conley, “Al hacer eso, parecía como si estuviéramos tratando de ocultar algo, lo cual no era necesariamente cierto.”

Conley finalmente reveló que Trump recibió oxígeno suplementario el viernes después de un cuadro de fiebre alta y disminución de su saturación de oxígeno.

El especialista en cuidado pulmonar Brian Garibaldi y Conley concluyeron que Trump podría volver a la Casa Blanca este lunes para continuar su curso de cinco días de tratamiento con Remdesivir. Conley agregó que al presidente se le había administrado dexametasona, un esteroide típicamente recomendado para casos severos de COVID-19, puesto que el sábado su saturación de oxígeno descendió otra vez.

El paisaje mediático jamás había sido tan diverso y disperso como hoy. El consumo de noticias ha cambiado durante los últimos años en Estados Unidos, y el diagnóstico del presidente Trump demostró que entre más canales de información emergen, se vuelve más difícil contener y moldear narrativas.

Esta diversidad mediática y tecnológica también obstruye el sorteo de datos concretos, puesto que, junto a periodistas, expertos y emisarios del poder, brotan redes de desinformación y polarización.

Hoy, el consumidor promedio de noticias norteamericano busca confirmar lo que siente y cree, y las diversas reacciones a los inciertos detalles del diagnóstico de Trump se extreman con cada día que pasa.

Con tantos actores y tecnologías disponibles, el proceso informativo alrededor de eventos insólitos como el diagnóstico del presidente son cada vez menos lineares.

No existe un noticiero unánime al cuál acudan los norteamericanos para sintonizar información fija y acordada. Todos aseguran que “el otro lado” miente, y no existen consensos reales sobre que significan los fragmentos de información que salen a la luz. Todo esto mientras el COVID-19 arrasa en el país con más fallecidos en el mundo.

Hoy, entre flujos de desinformación, niveles altos de polarización, confusión y cinismo, y cargas emocionales y morales elevadas en cada mensaje emitido, Estados Unidos le enseña al mundo que nada está bajo control.

TW: @daniguerreroo

JGR

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