Desde Rusia sin amor

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La película rusa Sin Amor es un vistazo a la fría modernidad, revelando las terribles consecuencias de la indiferencia.

Premio del Jurado en Cannes, nominada a Mejor Película Extranjera en la pasada edición de los premios Óscar, y contendiente por un Globo de Oro en la misma categoría, Sin Amor —cuyo título original es Nelyubov— el nuevo filme del director ruso Andrey Zvyagintsev, retrata un cruel ejercicio al interior de una familia moscovita en el apocalíptico año 2012.

El matrimonio de Zhenya y Boris—interpretado por Maryana Spivak y Aleksey Rozin respectivamente— atraviesa por un difícil divorcio donde deben decidir el futuro del departamento en el que todavía viven juntos, y quien se hará cargo de Alyosha —un ausente Matvey Novikov— el retraído hijo que engendraron doce años atrás. Tras el proceso de separación, el hogar es convertido en un campo de batalla donde los padres se disparan insultos y reclamos sin darse cuenta que todas esas balas van a parar directo al inocente corazón de su hijo. Bombardeado por la desesperanza, la falta de amor y comprensión de sus padres, Alyosha, sofocado, desaparece sin dejar rastro. Al cabo de dos días, su madre, que ya tiene una nueva pareja, nota su ausencia y tras confirmarla con su todavía marido, —que pronto volverá a ser padre al lado de otra joven mujer— deciden dar parte a las autoridades para comenzar su búsqueda.

Bajo la premisa del desinterés con personajes desprovistos de sentimientos, el ejercicio de Zvyagintsev remarca sin tregua para el espectador, las terribles consecuencias de un núcleo familiar podrido, cómo el egoísmo va carcomiendo el instinto básico de amor y protección hacia el unigénito; una alegoría, quizá, de la nación más grande del mundo comandada por Vladimir Putin.

Las gélidas postales de Sin Amor, paisajes inertes y largos silencios aumentan la angustia tras la ausencia. No resulta extraño que el suceso sea catalogado como juego de niños, incluso un arranque propio de la edad; así la policía se ahorra el papeleo y el rescate, por lo que el mismo comandante encargado del caso, anticipándoles la engorrosa burocracia, mejor los encamina con una brigada de búsqueda organizada por ciudadanos, incluso más efectivos que su corporación. Un hecho por más indignante, ver cómo la la urgencia es el estandarte de la brigada y no de la policía. Tristemente ni la incertidumbre por la búsqueda de su hijo puede unir a la pareja que jamás ha sentido amor.

El filme Sin Amor es consecuencia, una reacción violenta alimentada por la indiferencia y el egoísmo. Un drama contundente desarrollado en Moscú, pero que puede trasladarse a cualquier parte del globo, donde la presión social infesta a sus moradores y ennegrece su condescendencia. Al final, una pausa eterna abre las posibilidades.

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