Crimen en El Cairo

Crimen en El Cairo

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México y Egipto comparten mucho más que pirámides de una milenaria cultura, se asemejan también en su régimen represivo, cientos de desaparecidos, enfrentamientos por los cárteles de la droga, y la descarada censura de miles de historias hacia los medios de comunicación. Cada pasaje de la vida cotidiana visto desde una óptica meramente antropológica, el reflejo, asusta.

Bajo ese contexto, un raudal de inconformidades brotaron al unísono de miles de bocas egipcias aquel 25 de enero del 2011; un capítulo que la historia se encargaría de llamar el Día de la Ira, y que sin aspavientos quedaría grabado en la memoria colectiva. Las hechos respondían a las elevadas tasas de desempleo, marginación, autoritarismo policial, descarada corrupción, inflación, falta de alimentos, vivienda y un larguísimo etcétera que desencadenó la mala función de su entonces presidente Hosni Mubarak.

Dichos acontecimientos preceden a los sucedidos en la historia —escrita y dirigida— del sueco Tarik Saleh, Crimen en El Cairo, su octavo largometraje donde construye un thriller policiaco de fuerte crítica política y social ambientado en la capital de Egipto, que bien puede transplantarse al medio mexicano contemporáneo con personajes calcados a mano con hoja de papel carbón de perfecta simetría.

Hablada en inglés, francés, árabe y dinka —una lengua del sur de Sudán— la película cuyo título original es The Nile Hilton Incident, comienza con el vaivén de dos misteriosos hombres a una de las suites del Hotel Hilton donde se hospeda una exuberante cantante; una de sus mucamas es testigo de los últimos gritos en vida de la mujer, sigilosa y con miedo, logra escapar del asesino con la imagen de su rostro grabada en su memoria. Así comienza el drama criminal siguiendo los pasos del comandante Noredin —interpretado por el libanés Fares Fares— comisionado por el departamento de justicia para resolver el caso.

Con marcadas influencias del cine negro, a pocos días de estallar la revuelta de una sociedad enardecida contra el cinismo de su presidente que sumaba casi 30 años en el poder, contiene todos los ingredientes para considerar este retrato social como un digno ejemplo noir con hermosas sirenas hipnotizando a los hombres para caer en sus juegos.

El desatino agridulce lo marcan los peces gordos del filme volviéndose un tanto predecibles, arrastrados quizá por la marea de corrupción aunque se jacten de ser los generadores e impulsores de la economía de su país, no se salvan de millonarias extorsiones planeadas y ejecutadas desde un tugurio deslucido, punto de reunión de la élite egipcia.

Ni la majestuosidad del Nilo, ni la buena voluntad de sus protagonistas, impide que se manchen de lodo en una historia conocida, que muy pocos se atreven a encarar.

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