COVID-19 en Estados Unidos: Una caótica tercera ola

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Daniela Guerrero

El número de nuevos casos de COVID-19 en Estados Unidos está aumentando de nuevo, después de que la tasa de contagio se redujera a finales del verano.

Si bien la pandemia se está desplazando hacia zonas rurales y estados del medio oeste como Montana, Wisconsin, Nebraska, Indiana, Dakota del Norte, Kansas, y Dakota del Sur, los casos diarios se multiplican en la mayoría del país, rompiendo récords durante las últimas semanas.

Los expertos generalmente dicen que ha habido dos olas de COVID-19 en Estados Unidos. El promedio de nuevos casos diarios llegó a su punto máximo a mediados de abril, cuando la ciudad de Nueva York y sus alrededores fueron sumamente afectadas. Nueva Orleans, el suroeste de Georgia y algunos pueblos turísticos del oeste también vieron algunos de los peores brotes de la primavera.

Durante el verano, el número de nuevos casos por día se disparó más allá del máximo punto de contagio de abril, afectando principalmente a estados del sur y el oeste norteamericano. El número de casos ha seguido aumentando tras el pico de julio en Alabama, Arkansas, Mississippi y Tennessee.

En el noreste, el número de nuevos casos se mantuvo notablemente estable durante el verano. Pero los casos en Nueva York, New Jersey y Massachusetts, aunque todavía bajos, han estado aumentando constantemente durante las últimas semanas.

“Vamos en la dirección incorrecta, y esto se refleja no sólo en el número de casos nuevos, sino también en la tasa de pruebas positivas y el número de hospitalizaciones,” dijo Caitlin Rivers, epidemióloga de la Universidad Johns Hopkins, en entrevista con el New York Times. “Estos tres indicadores dan una imagen muy clara de que estamos viendo un aumento de transmisión en comunidades de todo el país.”

El actual rebrote ha ocurrido en zonas rurales en comparación con las primeras etapas de la pandemia, en donde el virus se concentró en centros urbanos.

De los 100 condados con los peores brotes la última semana, más de la mitad albergan a menos de 10,000 personas. Casi todos tienen poblaciones menores de 50,000.

Rivers señaló al comienzo de la temporada de gripe estacional, la continua politización de medidas de control como los mandatos de cubrebocas, y las temperaturas frías que obligarán a la gente a permanecer en interiores, donde es más probable que el virus se extienda.

“Creo que estamos en un lugar peligroso”, dijo la inmunóloga en entrevista con el New York Times.

La semana pasada, Estados Unidos tuvo un promedio de 55,000 nuevos casos al día, un aumento del 60% desde mediados de septiembre.

El lunes 12 de octubre, se registraron 41,653 nuevos casos de COVID-19 en Estados Unidos. En tan solo cuatro días, esta cifra subió a 69,156, marcando el viernes 16 de octubre como el día con más contagios desde finales de julio.

Las hospitalizaciones también están comenzando a incrementarse. Wisconsin tuvo que construir un hospital de campaña en el recinto ferial del parque estatal.

Las muertes diarias se mantienen en alrededor de 700, pero esta cifra típicamente aumenta semanas después de un incremento en hospitalizaciones. Esto quiere decir que el número de muertes podría subir exponencialmente en las próximas semanas.

Estas alarmantes tendencias han despertado miedos sobre la llegada de la severa ola de otoño e invierno sobre la que expertos nos han advertido desde marzo.

Sin embargo, la tasa de contagio constante desde marzo y la fatiga que muchos americanos muestran ante el COVID-19 como amenaza existencial promete continuos retos para el país con más casos de COVID-19 en el mundo.

Este fin de semana, Estados Unidos alcanzó un récord global de 8 millones de casos desde marzo, y por lo menos 220,000 fallecidos.

Veintisiete estados, la mayoría de los cuales se encuentran en el sur, el medio oeste y el norte, exhiben una “propagación descontrolada” de COVID-19, según la Estrategia de Salida de COVID- 19, un grupo de salud pública sin fines de lucro que hace seguimiento de las mediciones de la pandemia, incluyendo el número de casos y los índices de positividad de pruebas.

Otros 18 estados muestran “una tendencia negativa,” incluyendo estados de las costas este y oeste, y Texas y Louisiana. Sólo dos estados — Maine y Vermont — cuentan con una disminución de casos y una menor proporción de pruebas positivas.

Los virus respiratorios como la gripe y el resfriado común tienden a propagarse con mayor facilidad en climas más fríos y secos, lo cual ha llevado a los expertos a creer que el COVID-19 no será la excepción.

“No se puede entrar en los meses frescos del otoño y los meses fríos del invierno con una alta línea de base de infección en las comunidades”, dijo el Dr. Anthony Fauci, el principal experto estadounidense en enfermedades infecciosas mientras discutía las dificultades que el virus presentará en las próximas semanas.

Dificultades económicas, tasas de desempleo sin precedente, hartazgo psicológico y emocional, ignorancia de grupos que no se consideran vulnerables, politización sobre el riesgo de contagio, y rechazos populares de medidas preventivas como cubrebocas, distancia social y aislamiento, se

mezclan en un cóctel anárquico y complejo que no hace más que ayudarle al COVID-19 a expandirse sin control por Estados Unidos.

Todo indica que la transmisión se acelerará estos últimos meses del 2020, mientras Estados Unidos y otras sociedades alrededor del mundo luchan contra la apatía, la desesperación, la ignorancia y la arrogancia ante un virus fuera de control que aún no acabamos de conocer.