Amy Coney Barret: La jueza que ocupará el escaño de RBG

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Daniela Guerrero

El sábado 26 de septiembre, el presidente Trump anunció a la jueza Amy Coney Barrett como su nominada para ocupar el escaño de la Suprema Corte que la muerte de Ruth Bader Ginsburg dejó vacante.

De ser confirmada por el Senado antes del 3 de noviembre, la jurista conservadora se convertirá en el tercer miembro de la Corte elegido por el actual presidente, junto con Neil Gorsuch (2017) y Brett Kavanaugh (2018).

A causa del cargo vitalicio de los Jueces de la Suprema Corte y el considerable poder del más alto intérprete constitucional, la designación de Barret es muy importante, especialmente en un panorama electoral incierto y un clima político cada vez más polarizado.

Hoy, la Corte tiene 5 miembros de orientación conservadora y 3 considerados progresistas. Si la nominación de Barrett avanza, los conservadores contarán con una mayoría de 6 a 3 que tardaría varios años en balancearse.

“Tengo el honor de nominar a una de las mentes legales más brillantes y talentosas de nuestra nación a la Corte Suprema,” dijo Trump en un evento celebrado en el Rose Garden de la Casa Blanca, “Es una mujer de logros incomparables, intelecto sobresaliente, admirables credenciales y una firme lealtad a la Constitución.”

Tras graduarse de la Facultad de Leyes de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Barrett trabajó como asistente del difunto juez Antonin Scalia, y como académica en su alma máter por casi 15 años. Nacida en Nueva Orleans, la nominada tiene 7 hijos con su esposo Jesse Barret, antiguo asistente del fiscal en el Distrito Norte de Indiana.

Barret ha tenido un ascenso excepcionalmente rápido en el poder judicial, de profesora de derecho a un cargo en uno de los más altos tribunales federales. Hoy, es la candidata del presidente para la Suprema Corte. El propio Trump nominó a Barret como jueza federal para el 7o Circuito de Apelaciones en Chicago, un cargo para el cuál fue confirmada por el Senado, con 55 votos a favor y 43 en contra.

A pesar de que en 2016 los legisladores republicanos bloquearon la nominación del entonces presidente Barack Obama, bajo el argumento de que era imperativo esperar hasta la siguiente elección, todo indica que la mayoría republicana del Senado tiene planes de acelerar el nombramiento de Barret.

Hoy, los senadores Republicanos no necesitan consenso bipartidista, ni el voto de los 53 miembros de su bancada para llevar a Barrett a la Corte. Basta con que 50 senadores voten a favor, más el voto del desempate del vicepresidente Mike Pence.

Tras haber aceptado la nominación presidencial, Barrett dijo que sus resoluciones como Jueza de la Suprema Corte se basarán únicamente en la ley y no en creencias personales.

“Un juez debe aplicar la ley tal como está escrita. Los jueces no somos legisladores y tienen que dejar a un lado cualquier opinión política que tengan”, dijo la nominada en la ceremonia en la Casa Blanca. Sin embargo, Barret es conocida por su intensa devoción católica, una afiliación que en 2013 la llevó a afirmar que “la vida comienza con la concepción.”

Este tipo de planteamientos la han vuelto popular en sectores altamente religiosos y conservadores de Estados Unidos, que han buscado revertir la histórica decisión judicial Roe v. Wade, la cuál legalizó el aborto a nivel federal en 1973.

Barrett también ha votado a favor de políticas restrictivas de migración y ha prometido proteger el derecho de los estadounidenses a portar armas.

Además, Barrett y su esposo son miembros de un pequeño y relativamente desconocido grupo cristiano llamado el “Pueblo de la Alabanza.” El grupo surgió tras el movimiento de renovación católica que comenzó a finales de 1960, adoptando prácticas Pentecostales como el hablar en lenguas, la creencia en la profecía y la curación divina.

Varios legisladores y líderes de opinión liberales sostienen que la pertenencia de Barrett a este grupo — el cuál predica que los esposos son los jefes de familia y tienen autoridad sobre sus cónyuges — es una clara señal de que transmitirá opiniones conservadoras motivadas por dogmas católicos, particularmente en lo que se refiere a la libertad reproductiva de las mujeres y a los derechos de la comunidad LGBTQ.

Varios legisladores demócratas han denunciado a Barrett como una ideóloga que quiere eliminar el derecho al aborto y promover intereses corporativos, mientras que los republicanos la han aclamado como un modelo de moderación judicial que ya cuenta con los votos necesarios para una rápida confirmación.

La confirmación hoy parece segura, puesto que la mayoría Republicana del Senado ha cerrado filas, a pesar del bloqueo a Obama hace cuatro años. Aún así, es probable que la minoría Demócrata busque retrasar el proceso de confirmación, enfatizando asuntos como la cobertura de salud y el aborto, dos futuras batallas legales que podrían dejar a millones de norteamericanos vulnerables.

Se espera que la nominación ocupe al Senado en las próximas semanas y repercuta rápidamente en la campaña electoral, inyectando temas polarizadores como el derecho al aborto en una temporada electoral altamente cargada por la pandemia del COVID-19 y un movimiento nacional contra el racismo.

El equipo del presidente Trump espera que esta selección revitalice a su base política conservadora tras una serie de encuestas que favorecen a Biden a nivel nacional. Sin embargo, la llegada de Barret también podría movilizar a votantes demócratas progresistas temerosos del fin de Roe v. Wade, así como otros fallos populares en temas migratorios y de salud.

Además, Trump dejó claro esta semana que quiere acelerar el nombramiento de su candidata en el Senado antes de las elecciones, para asegurarse de que tener un sexto juez decisivo en caso de que cualquier disputa de la votación llegara al tribunal superior, como él espera que ocurra.

Lo único cierto en una batalla política, ideológica y electoral del perfil más alto, es que la llegada de una magistrada de 48 años a la Corte podría cimentar la inclinación conservadora del tribunal durante décadas, más allá de la presidencia de Trump o Biden.

En todos los sentidos, Barret representa el opuesto ideológico de Ginsburg, la extraordinaria pionera feminista que lideró el ala liberal de la corte y luchó por una expansión de derechos para las mujeres norteamericanas.

Con un historial constante de fallos conservadores en casos sobre aborto, armas, discriminación y migración, Barrett, la quinta mujer en la historia del tribunal, promete trabajar muy duro para borrar el notable legado de Ginsburg. La llegada de la joven jueza conservadora a la Corte representa el futuro prohibitivo y sectario que algunos norteamericanos añoran y otros repudian. 

TW: @daniguerreroo