La CDMX formará parte de una de las capitales lideradas por mujeres

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La nueva economía es urbana “La revolución del conocimiento es una revolución urbana. El motor básico de esta nueva economía ya no es la empresa, sino la ciudad”, explica Richard Florida, urbanista y profesor de la Universidad de Toronto. Estas transformaciones empezaron en los años 80. Las desregularizaciones y privatizaciones de determinados sectores dieron la libertad a los actores económicos para operar a nivel global sin la obligación de pasar por el filtro burocrático del Estado. “Antes, todo lo manejaba el gobierno nacional. Ahora vemos servicios altamente especializados que van de empresa a empresa, es decir, de ciudad en ciudad”, apunta la socióloga y profesora de la Universidad de Columbia, Saskia Sassen. A las empresas ya no les es rentable producir internamente el conocimiento necesario para manejar la complejidad de las operaciones transnacionales, sino que prefieren subcontratarlo, explica Sassen en entrevista para Forbes México. Para ello, necesitan ubicarse en núcleos donde haya una amalgama de intermediarios altamente especializados en áreas como la contabilidad, finanzas, asesoría legal o marketing. Esto genera la paradoja de que cuanto más dispersas por el mundo están las actividades de empresas y organismos internacionales, más necesitan concentrarse territorialmente para tejer estas redes de servicios descentralizados. Por esto, “el mix de firmas, talentos y experticia sobre un basto espectro de especialidades hace que estar en una ciudad sea sinónimo de estar en un centro de intercambio de información extremadamente intenso y denso”, afirma esta Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2013.   ¿Dónde se ubica la economía del siglo XXI en el mapa? Richard Florida dice que la economía mundial se organiza en 40 megarregiones que generan dos tercios de la producción global y el 86% de patentes a nivel mundial. Tokyo, gobernada por una mujer, Yuriko Koike, tiene el área metropolitana con mayor PIB del mundo. En 2016, ascendía a 1,624 billones de dólares, poco menos que el PIB de Corea del Sur (1,754 billones). Esto la convierte en la vigésima quinta economía más grande del mundo, según datos del Martin Prosperity Institute. “No es China la nueva competidora mundial, sino un área muy compacta que va de Beijing a Shanghái”, explicaba el profesor Florida durante el Foro Iberoamericano de Alcaldes 2018, en Mendoza, Argentina. El urbanista de la Universidad de Toronto desarrolló una magnitud macroeconómica para medir el valor de las ciudades, áreas metropolitanas y megarregiones. Para ello, se sirvió de imágenes nocturnas tomadas por satélite para visualizar el grado de iluminación urbana en los distintos países, porque “consumo de energía corresponde a actividad económica”, según él. La magnitud la llamó Producto Regional Basado en la Luz (LBRP, por sus siglas en inglés). En su columna editorial de City Lab, sitio web especializado en urbanismo que cofundó, explica que las megarregiones están alcanzando un rol significativo en las economías emergentes. Esto es lo que sucede en el caso de la Ciudad de México, cuyo LBRP asciende a 290,000 millones de dólares, “más de la mitad del total del país”, afirma. Esto significa que el rol del Estado-nación va perdiendo poder ante el auge de las ciudades globales y las megarregiones que éstas conforman. Líderes locales con retos globales “Cuando los empresarios localizan una planta de innovación o un nuevo mercado, el país que escojan es menos importante que la megarregión”, afirma Florida. Por esto, llevar a una mujer al más alto cargo político de un estado tenderá a tener un efecto más simbólico que práctico. Y esto es así porque los tres grandes retos a los que se enfrentan las sociedades capitalistas se producen en los núcleos urbanos. Primero, la desigualdad. Las ciudades globales generan demanda en dos extremos: talentos de alto nivel formativo y trabajadores de baja remuneración. “Hay enfermeras muy formadas, pero mal pagadas. Mientras, jóvenes de 20 años que han descubierto algo digital, fichan para Google y ganan más de lo que nunca hubiesen imaginado”, afirma Sassen. Hay grandes ciudades que se han avanzado a sus gobiernos estatales o federales para hacer frente a este problema. [embed]https://twitter.com/ManuelaCarmena/status/1016380849623830528[/embed] En Barcelona, por ejemplo, el gobierno municipal liderado por la alcaldesa Ada Colau puso en marcha una prueba piloto de ingreso mínimo en 2017. En mayo de este año, ya beneficiaba a 950 familias con una media de 568.22 euros mensuales (unos 12,550 pesos). Por eso, en su libro “Expulsiones. Brutalidad y complejidad de la economía global”, Sassen argumenta que el término desigualdad ya no es suficiente, sino que debemos hablar de un amplio sector de la sociedad que queda expulsada del sistema. Puesto que las expulsiones se dan en los núcleos urbanos, Florida sostiene que la desigualdad en la era del conocimiento ya no es entre clases, sino geográfica. “Donald Trump, como otros populistas alrededor del mundo, encontró su apoyo en ciudades más pequeñas y menos conectadas porque están quedando rezagadas”, explica en City Lab. De hecho, ciudades globales estadounidenses se han convertido en opositoras a Trump, mediante políticas que confrontan y contrarrestan sus decisiones relacionadas con los otros dos grandes retos actuales: inmigración y cambio climático. Los Angeles y San Francisco son un ejemplo. Se trata de dos de las llamadas “ciudades santuario”, porque no cooperan con el gobierno federal para encontrar y deportar inmigrantes indocumentados. También son dos de las ciudades que decidieron mantenerse en los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, cuando el año pasado el presidente Trump anunció la salida de los Estados Unidos. A menor rango administrativo, mayor potencial político Todo apunta a que hoy quienes pueden tener un impacto a nivel global son los líderes políticos locales. “Las ciudades son la clave para superar muchas disfunciones de los Estados. Construir ciudades hoy es la nueva construcción de naciones”, alertaba Florida a los alcaldes asistentes al foro iberamericano celebrado en Mendoza. De ser así, significa que no hemos encontrado soluciones para estas disfuncionalidades porque las hemos buscado en el sitio equivocado: el Estado-nación. Por esto, las mujeres al frente de Montreal, Amsterdam, Estocolmo y, en breve, Ciudad de México, están en el lugar adecuado en el momento adecuado para hacer la diferencia. Desde sus oficinas en ayuntamientos ubicados en el centro de ciudades globales, tienen hoy la oportunidad de enderezar problemas que amenazan con acabar con regímenes democráticos, los derechos humanos y la salud medioambiental. Y en muchos casos eso precisará de enfrentamientos con gobiernos de instancias superiores e incluso reclamo de más poderes, competencias y fondos para poner en práctica sus políticas. Conseguir la primera presidenta sigue siendo una meta en la mayoría de países. Pero a ésta se suma el doble reto que tienen las líderes en el ámbito local: empoderarse como mujeres y empoderarse como alcaldesas. Con información de Forbes  ]]>