Una reflexión sobre Latinoamérica

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¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando piensas en América Latina? ¿fiestas, carnavales, música, alegría, cultura, gastronomía? O tal vez, ¿corrupción, peligro, desapariciones, narcotráfico? Latinoamérica es un caso muy particular a analizar, ya que no puedes comparar lo que pasa en esta región con ninguna otra alrededor del mundo, porque la realidad de aquellas es muy diferente a la de aquí.

Es de conocimiento general, el saber que Latinoamérica está sumergida en un mar de problemáticas, como la corrupción en las instituciones y administraciones gubernamentales, altos niveles de criminalidad, los casos del narcotráfico, el tráfico de drogas, la trata de personas, la crisis migratoria, bajos niveles de escolaridad, poca participación ciudadana en decisiones que conciernen a toda una sociedad, infraestructura pobre y deficiente… sin mencionar los casos de países determinados como lo que acontece en Venezuela, bajo el mandato de Maduro; el caso de la región del Triángulo del Norte que abarca los territorios de Guatemala, Honduras y El Salvador, también conocido como el territorio “de las maras”; o bien, podemos mencionar los altos índices de discriminación que grupos indígenas sufren en países como México, Brasil y Paraguay. En fin, América Latina conforma un subcontinente, donde nos encontramos rodeados de un sinfín de dificultades e impedimentos que no nos dejan avanzar hacia un nivel de vida lleno de bienestar y prosperidad.

No obstante, América Latina también tiene mucho que aportar a la cultura mundial con su diversificada riqueza cultural, llena de festividades, tradiciones, costumbres, celebraciones, carnavales y fiestas. El “orgullo latino” es aquel que se desprende de la “pura vida” como dirían los costarricenses o de las tradiciones tan únicas y especiales como lo son el Día de Muertos en México, o de leyendas que se distribuyen por todo el mundo como La Llorona o el Chupacabras… Sin mencionar las increíbles experiencias que uno puede vivir visitando las grandes urbes como la Ciudad de México, Buenos Aires, Rio de Janeiro, São Paulo, Medellín, Lima o Santiago de Chile; o aquellas ciudades de gran importancia histórica como Cartagena de Indias, Guadalajara, Guanajuato, la Antigua Guatemala, Cuzco; o pueblos mágicos como Bariloche, Valparaíso, Creel…

Pero a pesar de todas estas características que poseemos, y que representan una gran potencialidad para posicionarnos cada vez más alto dentro de la comunidad internacional, la imagen latinoamericana se encuentra muy deteriorada. El orgullo latino, a pesar de que en realidad sí existe como tal y los latinoamericanos sí nos enorgullecemos de las tradiciones y el pasado que nos identifica, lamentablemente se ve opacado por el estereotipo que se ve respaldado por las series de televisión estadounidenses y los periódicos y canales de noticias que solamente dan a conocer el lado negativo de América Latina. No solamente por lo que ocasionan las series norteamericanas sino también por la misma experiencia que cada uno como latinos tenemos.

Por ejemplo, la inseguridad que se siente al salir a la calle, la paranoia o el miedo que alguien te siga o te haga daño, la desconfianza que le tenemos a la gente que no tiene hogar, el acoso sexual callejero que pareciera que no podemos detener… son estos y otros aspectos los que nos hacen pensar que el modo de vivir en Latinoamérica no puede mejorarse, que la mejor solución sería el marcharse a otra ciudad o país donde la calidad de vida sea la idónea. Son muchos los latinoamericanos que no creen o no conocen el verdadero potencial que América Latina tiene.

¿Es que nadie conoce lo que se ha logrado con el programa Techo en Chile? ¿o que México calificó entre los primeros lugares en emprendimiento? ¿o el gran cambio que vivió Medellín en las últimas décadas? Estos son ejemplos de avances en los aspectos social y económico, los cuales tienen gran relevancia porque otro problema presente en América Latina, son las desigualdades sociales y la baja movilidad social.

Esto lo vimos claro en aquella imagen que se esparció por el mundo cuando la Copa Mundial de la FIFA se llevó a cabo en Brasil en el 2014, donde pudimos ver cómo al fondo el gran estadio que se construyó precisa y exclusivamente para ese evento resplandece en iluminación, pero lo que en realidad resalta en esa fotografía son la gente sumida en la pobreza que lleva a cabo sus quehaceres del hogar dentro de sus casas en pobres condiciones. Este fenómeno se ve en todas las grandes urbes de Latinoamérica, no hay ninguna que no tenga su colonia, barrio o comuna más rica y no hay ninguna que no tenga sus áreas que se encuentran en situación de pobreza extrema.

De este modo, y haciendo un análisis de lo mencionado anteriormente, América Latina cuenta con dos caras: una llena de colores, que muestra la belleza del territorio, la heterogeneidad de su gente, el pasado histórico de nuestros pueblos, la riqueza de nuestra cultura, el delicioso sabor de nuestros platillos, la música que tanta alegría nos trae, y los esfuerzos (incluyendo hasta los más mínimos y pequeños) que se están llevando a cabo para sacar adelante a las sociedades y mejorar la economía de nuestros países. Y por otro lado, está la cara oscura, la cual engloba todas las problemáticas de las que nos tenemos que encargar para poder superar nuestra situación actual.

Así, aún cuando tenemos el potencial y la capacidad de generar un cambio, el trabajo que se hace al respecto acaba siendo deficiente así como tampoco se demuestra un verdadero compromiso con algunos proyectos sociales. Por lo tanto, ¿qué es lo que le depara a América Latina? ¿cómo podemos alcanzar el progreso? ¿deberíamos considerar el conformar una ciudadanía latinoamericana unida? ¿cómo acabar con las desigualdades? ¿cómo recibir ayuda de otros Estados? Pero lo más importante, ¿qué estás dispuesto a hacer tú?

Daniela V. Montiel